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Tuitazo cubano por #FreeSonia y la libertad de Cuba

por sonia garro-pulido

Cartel, cortesía: Rolando Pulido

Twit a twit este lunes en las redes sociales: facebook, twitter y las demás, para que se sienta la solidaridad con #FreeSonia, #FreeElCritico y todos los presos políticos cubanos.

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Cuba y la Asociación Pro-Libertad de Prensa

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La Asociación Pro-Libertad de Prensa (APLP), es una organización para divulgar el trabajo de los periodistas independientes dentro de Cuba. Hace poco pude converser con José Antonio Fornaris, uno de sus directivos, así como con Juan Carlos Linares Balmaseda, encargado de las Relaciones Públicas  y bien vale darse una vuelta por este sitio.

Recientemente llevaron a cabo la premiación de su primer concurso ‘El papel periódico’. “Los galardonados fueron Augusto César San Martín, en el género reportaje; Feliberto Pérez del Sol, crónica; Ernesto Santana (miembro de la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba), en entrevista y Dimas Castellanos, en artículo de opinión. Mención especial para Sergio Esteban Vélez en entrevista. El premio para los ganadores constó de un diploma, 250 pesos convertibles (225 dólares) y una estatuilla tallada en madera, que según el artista Iley de Jesús, la columna griega significa la democracia, las alas representan la libertad y el lápiz la libertad de expresión.  Para la mención el premio consistió en estatuilla y diploma”, según consta en su sitio digital.

En conversación con su relacionista público, Linares Balmaseda,  éste expresó: “Nos mueve fundamentalmente el deseo de comunicarle al mundo lo que está sucediendo en nuestro entorno, en una dictadura que nos bloquea el derecho a la libertad de información. Pero lo más importante es decirlo dentro de la isla, porque son los que se informan de los cambios que deben ocurrir en el camino a la democratización, eso es lo que hace la APLP”, concluyó.

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Un año fuera de Cuba, dentro del país

san german

Foto: “Autorretrato del exilio. Máquina de la nostalgia”.

Hace hoy exactamente un año que me fui de Cuba para entrar en la otra Cuba. Me dieron un puntapié, manu militari, y vine a caer a este lado del país perdido.

Miami me dio la oportunidad de hablar en la lengua de mis abuelos, de volver al paladar de mis abuelos. He cumplido los sueños de mi abuela María: tomé Jupiña, probé la Materva y me volví a comer los pastelitos de guayaba que hacía mi padrino Mayaguez. Por ese lado la máquina de la nostalgia sigue aceitada, como siempre.

Aquí me he aburrido de lo lindo porque los policías no me piden el carné de identidad ni preguntan cuantos días voy a estar en La (pequeña) Habana. Mis hijos Malcom y Brenda no se llevan la mano a la frente para decir en cada acto escolar que quieren ser como el Che, ese argentino aficionado a las muertes múltiples y ajenas, a las tierras ajenas, a las mujeres ajenas, a las familias ajenas, a vivir una vida prestada para saltar de las guerrillas melancólicas a los pulóveres adolescentes. Mis hijos son más libres, porque están aprendiendo a serlo.

Hace un año llegué a este país más generoso de lo que lo pintan, de la mano de Lori Díaz y el Comité Internacional de Rescate (IRC, “¿ai- ar-ci, en qué podemos ayudarlo?). Llegué a un Miami más generoso todavía, donde la sociedad civil está tan organizada que no hizo falta una campaña para que una señora extrajera los primeros cuarenta dólares de su chequera del mes y nos lo regalara en un puesto de café. De la mano de Ivón, Berta, Idolidia y Mario fuimos a todos y los primeros y difíciles huracanes de trámites burocráticos y salimos cuerdos y felices, gracias a Dios y a ellos. Vicky Ruiz tiene una dulce culpa en este recibimiento.

Miami me devolvió la bicicleta y el dolor en las pantorrillas de los primeros meses; el autobús y el susto de la próxima parada. Aquí volví a publicar un libro y a leer poesía sin que me exigieran filiación ideológica alguna, por lo menos eso me han demostrado Idabel y Armando. Miami me regaló un micrófono y un web site para volver a hablar con Cuba cada segundo, como si fuera un tipo ubicuo, borgiano y he podido entrevistar a gentes de Baracoa, Puerto Padre o Jaimanitas sin el sobresalto de la policía política acosando mi vivienda.

Hace un año soy feliz jugando al dominó y a la guerra. Llevo doce meses tirándome los sábados en la hierba con Exilda, (en Tropical Park) mirando al cielo para agradecer y pedir otro deseo: como dos niños, o dos tontos, pero felices como nunca.

PD: Se me quedan nombres y atardeceres por mencionar, pero no agradecimientos.

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Un Che que no está en los billetes

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Ahora lo veo como un asmático que era enfermo a viajar, a matar y pegarles gritos a sus soldados. Pero tuvieron que pasar veinte años para que yo pudiera redactar esta oración así de sencilla. Cuando se tienen seis febreros y te obligan a llevarte la mano a la frente y decir que quieres ser como el Rambo argentino (el bueno) que mataba a los casquitos de Batista (los malos) y quería que todos los países del tercer mundo (¿????) fueran libres, entonces sí pensaba que era un Rambo, un Elpidio Valdés.

El Che que me enseñaron andaba por los intrincados vericuetos de la Sierra Maestra enseñando a usar los fusiles, a leer y dándoles ‘raspones’ a los guatacas y adulones que tenía en su tropa. El que libró Santa Clara y organizó al ejército de los barbudos cuando llegaron a La Habana del ’59, según reza en los textos escolares. Pero después vino el otro Guevara, ese que me regalaron los disidentes de los ’90, en libros forrados de papel periódico. En los folletos y revistas, el otro Che (nunca más guerrillero heroico) coordinó fusilamientos en La Cabaña, puteó a Virgilio Piñera y pedía a gritos un río de sangre para acabar con el imperialismo.

Hace un lustro vi una foto de un hombre con una barba sucia, de meses en la selva, y me encontré con Javier Palacios, un peruano sobrino de un ex guerrillero de la tropa del rosarino. La familia del peruano no quiere saber nada del icono levantado por la cámara de Alberto Korda, los cuentos que se saben de la guerrilla son horripilantes y han sepultado para siempre el idilio del internacionalismo fabricado en las oficinas del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Un tipo que tose, echa carajos, anda todo el día de mal humor y años después dispone de varias familias cubanas, (guajiros casi todos) con el cuento de acabar con el imperialismo… no puede ser un buen tipo. No cantaba, no reía ni tocaba ningún instrumento, no podía ser un buen tipo. Cuando un diario español publicó hace casi un lustro su cuerpo en un lavadero de La Higuera, se cayeron todos los velos y no importaban las canciones que lo han adulado por décadas, los mares de tinta ni la famosa Carta de despedida, menos si al final del cuento te enteras que fue leída antes de tiempo, como mandado a matar. En el argot cubano eso suena a ajuste de cuentas, a chivatería jaranera. A que ‘te echo y te entrego a los perros’, como quien no quiere las cosas. El que a hierro mata… dice el refrán.

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Un cumple-Malcom más

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Hoy es el cumple-Malcom y vamos a un banco cercano a cambiar monedas y billetes que él y Brenda han guardado por un tiempo en un envase de cristal. No es un pomo, como decimos en Cuba. O lo es pero con una cerradura electrónica que le permite contabilizar lo ahorrado. Es como una banca en miniatura. En el banco estamos free de impuesto, pero no se lo cambian, esa dependencia ha dejado de hacerlo.

Lo hacen en un supermarket, y yo me siento extraño escribiendo estas palabras nuevas para mí. Malcom y la muchacha que lo atiende sonríen al terminar la transacción. Quedo fuera por primera vez. Malcom recibe un sobre con el monto acumulado.

Este es un cumple-Malcom diferente. Vamos hasta un Office Max porque viene dando la ‘perreta’ por un Tablet (de cuatro pelos, eh?) y se lo vamos a comprar. La señorita del mostrador me hace acomodarme en la cola y dos señoras se aprietan los bolsos entre sus brazos y caderas. Un chico juguetea un rato hasta que viene hasta Malcom y conversan. Él ha venido por su iPad. La señorita del mostrador me pide el ID y las cosas se relajan. Asombrosamente no tengo que participar en la transacción porque la dependienta casi adolescente y mi hijo de 10 años recién cumplidos se entienden de maravillas y mi Inglés insuficiente solo entorpecería esa relación que acaba de crearse. Lo han hecho socio de la tienda (es un decir), la muchacha le desea larga vida (al aparato) y que el chico lo disfrute.

Tenemos un nuevo inquilino. Hace dos horas no nos habla, pero es difícil que hoy lo saquemos del asombro.

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Lo afrocubano, pasado y presente en Cuba

afrocubano_BC12El número 12 de la revista Blogger Cubano ya está en la calle. Se trata de una edición especial de más de 80 páginas dedicada al tema afrocubano —con particular énfasis en el racismo institucional vigente en Cuba— y una galería fotográfica a color, desplegada a tamaño completo, a cargo de Luis Felipe Rojas y Orlando Luis Pardo. El número contiene textos de Juan F. Benemelis, Miguel Cabrera Peña, Leonardo Calvo Cárdenas, Manuel Cuesta Morúa, Darsi Ferret, Ángel Escobar, Juan Antonio Madrazo, Luis Felipe Rojas, Ángel Velázquez Callejas, Roberto Zurbano y Armando Añel.

“En mayo de 2013 se cumplió el aniversario 101 de la matanza de los independientes de color, suceso que condicionó decisivamente el proceso de integración racial al que estaba abocada Cuba tras su independencia de España”, indican los editores en la introducción del número. “Simultáneamente, todavía flota en el aire el último evento de racismo institucional en la Isla, ocurrido en la primavera de este mismo año: la destitución de Roberto Zurbano (cuyo caso se aborda directamente en la sección La Polémica), otrora director del Fondo Editorial de la Casa de las Américas, tras publicar en The New York Times un artículo crítico sobre la realidad de los afrodescendientes cubanos. En este marco, y dada la importancia que para el futuro de Cuba tiene el tema, Blogger Cubano edita este número especial”.

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El libro prohibido en Cuba

la nocheEstoy en busca del libro prohibido, como el Golem, o como el tesoro de la Eterna Juventud. ¿Por qué un edicto presididencial, dictatorial y autoritario decide prohibir, darle caza y hacer desaparecer un libro en el país? Ante estas interrogantes me fui a buscarlo con mis amigos de Facebook y lo puse como una incitación a un foro que siempre estuve seguro sería riquísimo en matices.

Enseguida aparecieron el expreso político Juan Carlos Herrera Acosta y el activista y hoy profesor Osmel Rodríguez para acentuar el absurdo de tal persecución literaria. “De los libros más censurados se encuantra ‘La Gran Estafa’, de Eudocio Ravines, de Adam Michnik también, de Milán Kundera, Aleksander Solzhenitsyn (SIC) con el ‘Archipiélago Gulag’, decenas y decenas”, afirmó Herrera Acosta.

Por otra parte Rodríguez cree que “no solo se prohibían los estudiosos del tema cubano sino hasta muchísimos novelistas, unos por no aplaudir el sistema y otros por haber escapado de la Isla, puedo hacer una pequeña lista…”.

No tengo ideas de cómo, cuánto y qué se prohibía a inicios de los ’60, pero sí sé que en los ’80, cuando regresaban, iban y venían los estudiantes y colaboradores cubanos en los llamados Países socialistas, se traía bastante literatura de poco agrado para los mandamases del Partido Comunista. Ya entrados los ‘90 supe qué libros incomodaban y eran el móvil de los allanamientos a casas de opositores pacíficos.

Una breve pesquisa nos deja saber que la llamada ‘biblia de los opositores’, El poder de los sin poder, de Vaclav Havel,  “Cómo llegó la noche”, la autobiografía del comandante Huber Matos, revistas como El disidente universal, Encuentro de la cultura cubana, la Revista Hispano Cubana y los libros de Carlos Aberto Montaner o Rafael Rojas, engrosan la lista de los ‘no-libros’.

Mi pregunta concreta para mis seguidores de Facebook fue esta: “Dicen que el libro más buscado en Cuba por la policía política es “La red avispa”./ ¿Cuáles son los libros prohibidos en Cuba? ¿Cuáles lo han sido desde 1959? ¿Cómo los cubanos han burlado la censura para hacerse de los libros prohibidos? Hubert Matos con su “¿Cómo llegó la noche?, “1984”, de George Orwell o los de Gillermo Cabrera Infante?”.

Este hecho me dio la posibilidad de crear prácticamente en línea, ir redactando e intercambiando con mis lectores y amigos al tiempo en que entraban los mensajes, en una red que se tiene por frívola y dada a la palabra sosa.

Ramón H. Colás, conocido en el ámbito cubano por haber creado junto a Berta Mexidor las Bibliotecas independientes señaló que “más que la prohibición a los libros siempre ha estado la política de censura contra los autores, lo cual indica que el conjunto de su obra, de hecho, es prohibida en el país. Bertrand Russell, Alexander Solzheityn, Paul Johnson, Jean-Paul Sartre, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Milan Kundera, Eudocio Ravines y Juan Carlos Onetti, son, dentro de muchos, algunos de los escritores proscritos por la censura oficial en Cuba”, lo que hace más polémica la lista.

Es solo un esbozo de la prohibición, donde caben los autores, los perseguidos, el modus operandi de los perseguidores y allanadores de morada y un pequeño ranking de los títulos proscritos, donde seguro cabrán La red avispa (sobre 12 agentes y no cinco, que actuaron en territorio norteamericano al servicio de La Habana) o La historia me absolverá, ese alijo de promesas que Fidel Castro nunca cumplió del todo. Como diría Cabrera Infante, no es una breve, sin no una brava lista.

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Dos patrias tengo yo

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Reinaldo Arenas, el genial escritor holguinero y disidente contra todas las banderas que vio flamear ante su paso. Estas patrias martianas que pudo reescribir, Cuba, su dolor inmenso y la noche, esa amiga que le acompaño hasta la hora final en que lo tuvimos con nosotros.

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche,
sumidas ambas en un solo abismo.
Cuba o la noche (porque son lo mismo)
me otorgan siempre el mismo reproche:

En el extranjero, de espectros fantoche,
hasta tu propio espanto es un espejismo,
rueda extraviada de un extraño coche
que se precipita en un cataclismo

donde respirar es en sí un derroche,
el sol no se enciende y sería cinismo
que el tiempo vivieras para la hermosura.

Si ésa es la patria (la patria, la noche)
que nos han legado siglos de egoísmo,
yo otra patria espero, la de mi locura

Reinaldo Arenas

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Las hambres que a mí me matan

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Serie ‘Volar sin miedo’, By Luis Felipe Rojas.

Fue el escritor Argentino Jorge Luis Borges quien dijo que “Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica”. En los últimos meses me he dedicado también a ordenar ‘mi biblioteca’, pero al revés, la biblioteca de los libros que acaso tuve un día, o la que soñaba allá dentro, cuando estaba detrás de las alambradas.

Ya me imagino al periodista independiente Jorge Olivera Castillo, en esa Habana que se cae a pedazos leyendo a todo Kundera, o lo que se ha convertido en su última obsesión, masticando a pedazos a los mejores poetas polacos. O al cortante cronista que es Luis Cino con una enciclopedia universal del Rock and Roll, ilustrada, con delgadas columnas a la derecha, en gris, explicando los pies de página.

Ahora tengo dos hambres, la mía y la de mis amigos.

Deudas

Hace ya mucho tiempo que el poeta Antonio José Ponte no tiene que enviarme la revista Letras Libres desde La Habana, cuando algún amigo escritor iba por la capital. Gracias a la persistencia de Ponte yo he visto el mejor retrato de Tijuana, maquetado en Letras Libres y de la mano Juan Villoro. Letras… dijo aquel lejano 2000: “Sólo un cronista de la talla de Juan Villoro, autor de Los once de la tribu y Palmeras de la brisa rápida, es capaz de captar en todos sus infinitos matices una ciudad tan extraña, repelente y fascinante como Tijuana”. En un pueblito del interior de Cuba, nosotros también reconstruimos esa ciudad a balazos, paseamos por sus bares y nos extrañamos ante sus magníficos grafitis.

Ahora que el escritor cubano Ángel Santiesteban está preso algunos se desgañitan diciendo que son sus amigos o que gozaron de su amistad… o reniegan de ella, como hizo hace poco un joven escritor habanero. Yo gocé de la bondad de ‘Angelito’ en una tarde lluviosa de 2006. Santiesteban me brindó un café aquella tarde, era solidario conmigo en esos días en que por una orden ministerial (de Cultura o del Interior, o los dos) yo era excluido de la vida literaria de mi país y para cargar la mano sobre la amistad, me dijo escogiera un par de libros del anaquel en su casa. Yo había saboreado con prisa una edición de bolsillo de Desayuno en Tiffany’s, de Truman C. y esa joyita de siempre que es Hombres sin mujer, de nuestro Carlos Montenegro. Me daba pena pedírselos, eran nuevos, recién llegados de España, pero Angelito los metió en mi mochila y hasta el sol de hoy.

Martah María Montejo me enseñó a leer a Héctor Abad Faciolince sin quedarme en la cursilería y Michael Hernández Miranda me indicó leer todo Cabrera Infante sin que me convirtera en un fanático, un chovinista que tenga que andar estrujándole en la cara a todos que en Holguín nacieron también Reinaldo Arenas y Gastón Baquero. Admito que lo he superado poco.

Los platos de hoy

Fue Ricardo Piglia quien dijo que la literatura no se trasmite de padres a hijos si no de tíos a sobrinos, y fue mi tío Gabriel quien me regaló al César Vallejo que había en Cuba, aquella magra edición de Casa de las Américas de los ’80. Hace una semana me compré su Poesía completa  y ya está lista para entrar en Cuba.

Un profesor de Arte en Camagüey me ha encargado todo Stanley Kubrik como si se fuera a suicidar y he bajado sus películas, entrevistas de televisión dobladas al español, las metí en un disco DVD, junto a dos revistas especializadas, y recién tuve noticias de los saraos cinematográficos que han celebrado entre amigos.

Cuando la Librería Universal estaba rematando sus joyas a precios de un hambergue me fui y compré para mi amiga Cecilia Torres El salón del ciego, Las sombras en la playa y La ruta del mago, del finado Carlos Victoria. Ahora que el verano arrecia sobre Santiago de Cuba, Cecilia me ha escrito que la he salvado en los sábados atroces del reguetón del barrio, me da las gracias, pero las devuelvo a Juan Manuel Salvat que tuvo la paciencia de salvar a Cuba en un espacio tan pequeño.

Son encargos que me han hecho. Son hambres de otros que hay que saciar en uno mientras pasa la larga noche de las prohibiciones. Esto hay que hacerlo antes que la vida se apague o vengan otros a darnos las malas noticias sobre el libro impreso, la inutilidad del papel o el desastre ecológico en que vivimos.

Cuando no había cruzado las alambradas a mi casa llegaba gente que antes de bajar del avión recogían los libros de ediciones populares, revistas de moda, catálogos sobre primeros auxilios, folletos, en fin, todo impreso que distribuyen las aerolíneas, y que meses después puede ser obsoleto, pero en un país cerrado se recibe como acabado de salir de la imprenta.

Ahora le doy las gracias a todos los que me ayudaron, no me queda más que imitarlos si así puedo salvar un minuto en la vida de los que quedaron allá dentro, en ese infierno temido y querido que es Cuba.

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El dilema de almorzar en Cuba

Foto @alambradas

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No basta con tener la alta suma que cuesta buscar los productos para hacer un almuerzo para una familia de cuatro personas. En Cuba hay que agregarle al monto necesario, la cuota de sacrificio para hallar todos los productos para una alimentación digna. Si cuesta 15 CUC, se estaría hablando de la desproporcionada cifra de 375 pesos cubanos, cantidad que sobrepasa con creces el salario mínimo, fijado en 225 pesos en moneda nacional.

Pero muchos cubanos almuerzan todos los días ni lo hacen incluyendo un plato fuerte de las dos carnes que más les apetecen como son el cerdo y el pollo. Los manjares de la mesa cubana se reservan para el fin de semana, cuando se reúne la familia y algunos de sus miembros, o no tienen que trabajar o regresan de las becas en que están internados.

La libra de arroz a 5 pesos, la de frijoles (negros o colorados) a 12, un litro de aceite a 60 pesos en la conversión ya que cada unidad vale 2.50 CUC; incluyamos una ensalada que la mayoría de las veces sobrepasa los 10 pesos la libra de productos tan cotizados como el tomate o los aguacates. De la carne mejor hacer un aparte.

Por muy magra que sea la ración, para cualquier mujer que lleva la encomienda de preparar los alimentos para su casa, el condimento es una pieza vital. En estos momentos una pote de ‘sazón completo’, una mixtura de comino, ajo y cebolla ha alcanzado el precio de 1.50 CUC cada uno.

En la actualidad una soda de un litro y medio cuesta 25 pesos en moneda nacional o 1.50 CUC, sin contar un postres que muchos consideran un lujo para cualquier cubano que sobreviva con su salario.

Desde Pinar del Río Yuliet Rodríguez Báez, un ama de casa que además está a cargo de su madre enferma, considera que almorzar es una odisea de la que no siempre logra salir airosa.

Yuliet afirmó que “una libra de melón está sobre los 12 pesos (cubanos) y una calabaza también está parecido. Si me tocara comprar carne de puerco (cerdo) me podría costar a 30 ó 40 pesos la libra que serían cuatro bistecs”.

Encontrar lo que buscas
Maikel Martínez Cruz, un fotógrafo independiente que se busca la vida captando los momentos felices de los lugareños en la provincia Holguín, cree que es una locura sacar cuentas sobre el costo de un almuerzo para cuatro personas.

“El postre en la comida del cubano eso es un lujo”, dice y continúa “casi nadie consume postre porque es muy caro. Un refresco, una soda, puede costar 0.60 ctvs la unidad en CUC”. En el caso de la carne, para Maikel, ya es un privilegio “si es carne de cerdo, la libra está a 25 pesos (grasa, carne y hueso, sin separar), y si es pollo, un kg puede cuesta 3.40 ó 3.50 CUC, que no es un pollo entero, es solo muslo y contra muslo, que no tiene pechuga, ese es el que nos venden aquí en el shopping”.

A estos altos precios se les agrega que los consumirás “si los logras encontrar”, dice Maikel, quien concluye “eso te puede costar también cuatro horas ‘dando ruedas’ para ver si lo encuentras pues encuentras un punto que tiene viandas, pero no tiene arroz, y así tienes que seguir más para adelante”, concluye.

La ‘completa’
Sin embargo, la mayoría de los cubanos arreglan su vida para almorzar en el tiempo que les conceden sus autoridades laborales y lo arreglan con un pequeño refrigerio que llevan desde casa o salen a pescar lo que encuentren en los mostradores recién abiertos.

Un con croquetas a dos pesos y un refresco al mismo precio; una piza de 5 pesos con un batido de frutas naturales son la generalidad de quienes optan por la media hora fuera de los talleres o la universidad donde trabajan.

Aunque todavía clandestinos, los servicios de entrega con la conocida ‘completa’ a base de arroz, frijoles, picadillo y vianda (o ensalada), es una opción para quienes desembolsen los 10 pesos cubanos, en provincia, pues en la capital ronda los 2 CUC cada ración.

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