Archivo mensual: diciembre 2011

Trenes hacia el desastre


En la vida del cubano cada promesa de gobierno parece destinada a convertirse en burla permanente.
Cuando veo las caras de los funcionarios de más alto rango por mucho esfuerzo que haga no me los imagino en los más comunes lugares. ¿Machado Ventura en una cola de tres días para comprar un boleto de tren para viajar a Ciego de Ávila? ¿Esteba Lazo viajando 36 horas entre Matanzas y Santiago de Cuba? Aunque tenga mucho de pieza tragicómica sería bueno aventurarlos a estas realidades que nos suceden a los más comunes de los mortales y no a ellos, los escogidos de siempre.
A veces con unos ejemplos basta. El tren que cubre la ruta Antilla-Holguín y continúa hacia las Tunas para regresar por la tarde al mismo sitio es una de las joyitas del bestiario cubano. Como el llamado puente de Oliver (a escasos kilómetros de su estación en Antilla) está roto los viajeros deben tomar un ómnibus hacia el barrio de Antillita, pero si nada mas ha llovido y hay huellas del roció matinal, el chofer deja a los pasajeros a kilometro y medio de los coches por lo que deben hacer ese trayecto angosto y dificil con todo el equipaje a cuestas, moviéndolos por sus propios medios. A veces un campesino enyuga su buey con una carreta y les ayuda a atravesar en medio del barro por el precio de tres pesos cubanos. ¿Y las autoridades? Bien. Allí he visto a médicos, militares, doctores en Ciencias y policías. Nunca a miembros del gobierno municipal.
Cuando los trenes de itinerario nacional llegan a Camaguey las ferromozas apuran el paso entre bultos y personas sentadas en los pasillos para advertir que han llegado, que abran los ojos y cuiden los paquetes. Aunque ocurre con menor frecuencia los cacos acostumbran a subir al tren, echar bolsos que encuentran en los vagones por las ventanillas, arrebatar prendas y ejercer las artes del raterismo. Hay una estación policial en la zona pero poco se ha resuelto.
En las estaciones intermedias en camino a la Habana sólo venden una decena de pasajes por reservación anticipada de una semana. Este trámite conlleva una cola de varios días y anotarse en no pocas listas. Aún así si usted pretende viajar a la capital del país sólo tiene que ofrecer cien o ciento cincuenta pesos y el día de abordar el tren tendrán el boleto en la mano. Igualmente lo puede hacer subiendo sin el ticket y comprándolo por igual precio entre los funcionarios. Si por el contrario no lleva suficiente dinero se verá en la penosa situación de tener que sentarse en los asientos vacíos que van siendo ocupados por sus dueños en las respectivas paradas. Y le aseguro que a pesar de esos malabares al llegar al destino final, verá cómo siempre hubo una veintena de asientos sin ocupar, propiedad de inspectores, ferromozas y superintendentes.
Les he puesto estos ejemplos sin aderezarles con la mugre, los insectos, y los servicio sanitarios pestilentes con los que premia el gobierno a los ciudadanos ‘de baja estofa’, casi el noventa por ciento de los cubanos que habitamos esta isla.

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Ni poeta, ni cubano


Es determinación de los coroneles literarios del Instituto Cubano del Libro.
Hace cinco años dejé de ser invitado a eventos artísticos, jurados de concursos y lecturas públicas. Un edicto subido desde los fosos de Villa Marista hacia las instituciones culturales de la isla me deja fuera, automáticamente, de cualquier debate intelectual. Hasta ahora nadie me ha enseñado el documento que les prohíba a los promotores culturales incluirme en las parcelas letradas de mi generación… a mi tampoco. Sé que es un susurro, una ficha pasada por debajo de la mesa. Ya pasan de una veintena los amigos y los allegados míos que han sido visitados por los ‘compañeros de la seguridad’. Casi ninguno ha sido presionado tácitamente, pero ven en estas advertencias una tarjeta amarilla y como en el futbool otros, han desafiado al réferi y se han buscado la roja.
La última lindeza en la lista de prohibiciones es La isla en verso. 100 poetas cubanos. Ediciones La Luz, 2011. Toda antología es un ejercicio autoritario, lo sé. De un borrón me he quedado fuera de ese centenar de vates en el que alguna vez creí estar. Luis Yussef y Yanier Echavarría han entendido, para el bien de su discriminación poética, que aunque haya nacido después de 1970 y antes de 1988 no reúno la calidad literaria suficiente para engrosar la lista de marras. No soy, diría yo, al decir del presentador Jorge Luis Sánchez Grass, un poeta del tercer mundo en la era del post modernismo. No soy, por una contravención de la Asociación Hermanos Saíz, un ser humano que aspira al cambio y no a la utopía.
Sin embargo sería injusto decir que, marginación aparte, no disfruto la selección hecha al efecto. En ese centenar de poetas cubanos de los que puedo llamar mi generación están aquellos que me desvelaron una noche leyéndolos, a quienes aplaudí a rabiar en una tarde de juventud del Golfo de Guacanayabo o bajo las sombras de uvas caletas en una playa oriental. Aunque siga escribiendo desde mi soledad en San Germán y pase como un fantasma por la ciudad de Holguín celebro ser confirmado en la otra antología, la de los excluidos y marginados. Los que alguna vez hemos estado impedidos de publicar en nuestro propio país, Cuba, somos más de un centenar y en el mundo acaso miles.
Como escritor y artista mutilado por un decreto militar, no me queda más remedio que seguir escribiendo para mí, ya no me espera ningún editor. Tengo todo el tiempo del mundo, incluso para leer una “isla en verso”

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A la deriva en tierra firme

Foto/Luis Felipe Rojas


Trabajó para la empresa Urbano Noris por años. Fue cumplidor de todo en su trabajo. Era útil. Y eficiente. Pero hoy es otro cubano a la deriva.
Humberto Hernández Palma reside en San Germán y fue obrero del central Urbano Noris por mucho tiempo, pero ahora le ha llegado lo más difícil. Está enfermo. Ha pasado por la comisión médica del territorio tres veces en un año. En la primera ocasión –me dijo-le dictaminaron “tabla uno” que significa una limitación total de esfuerzo físico, sin embargo la comisión médica provincial le denegó esa medida y le propusieron un dictamen que dice ‘limitación mediana de esfuerzo’.
Buscó respuesta en lo que creyó era justo –la comisión médica nacional- pero en noviembre la comisión nacional le respondió que denegaba la solicitud de baja médica. Intento buscar respuesta en la empresa azucarera Urbano Noris pero allí le ha dicho que tampoco tienen una plaza laboral para su caso. Los funcionarios le dijeron que el no reúne requisitos para una baja por problemas de salud a los cuales se le agrega en esta última etapa una cardiopatía avanzada.
De allí enviaron a Humberto al órgano del trabajo y seguridad social del municipio a devengar el salario del sesenta por ciento en una año y luego quedará disponible y con enormes dificultades para comprar todas las medicinas que necesite debido al la enfermedad del corazón que padece.
Otro cubano que en medio de algunas cañas y leve humo de central ha quedado a la deriva y con el horizonte cargado de nubes oscuras.

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A la deriva

Foto/Luis Felipe Rojas


A Irma Cáceres de 52 años de edad y trabajadora desde hace décadas en la empresa de acopio del municipio de San Germán, provincia Holguín le han denegada la solicitud de retiro por enfermedad.
Según consta en los documentos médicos expedidos al efecto, Irma presenta hipertensión arterial, obesidad, dos hernias, ciatalgia crónica, artrosis y deficiencia en el sistema circulatorio
“Aun así -me dice Irma- la comisión médica que me examinó el pasado mes de agosto me negó la baja médica por enfermedad alegando que aún con esas dolencias yo no reunía los requisitos”.
Me explicó la señora Cáceres que la única solución que ofrecieron los “especialistas” fue que la dirección de la empresa debía ubicarla en otra labor.
Dice la afectada que ha agotado todas las vías para demostrar que su situación de salud no le permite ni tan siquiera trabajar en otro lugar, pero se ha cansado porque nadie atiende su caso.
De nada le han valido a Irma Cáceres los 26 años de servicio en esa empresa porque con todas las dolencias que ha mostrado ahora pasará junto a decenas de trabajadores a formar parte de la larga lista de ‘disponibles’.
Esto que ha ocurrido -me dice ella- es la nueva práctica del Estado para deshacerse de nosotros sin tener que pagarnos un retiro laboral, nos deja a la deriva cuando no hay adonde mirar.

Foto/Luis Felipe Rojas

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La casa no es calabozo

Foto/Luis Felipe Rojas


“Fueron detenidos todos porque no quisieron quedarse dentro de sus casas.Cuba no es calabozo. La casa no es calabozo.

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No es por reparaciones

No estoy haciendo arreglos en mi blog, ni tan siquiera pienso en soñados ajustes que una vez cuando pude ver por unos minutos mis alambradas online, se me ocurrieron.
No publico porque no tengo forma de conectarme a internet, ya vendrán tiempos mejores.

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Paloma, palomita

Hoy Brenda cumple tres años. Como pasa el tiempo!

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