Archivo mensual: noviembre 2011

Cinismo sin ambigüedades

Foto/Luis Felipe Rojas


Hace sólo unos días el embajador cubano ante las Naciones Unidas le solicitó a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Navanethem Pillay, sumarse al reclamo que hacen piqueteros en el mundo por liberar a cinco oficiales de inteligencia cubanos presos en Estados Unidos. El diplomático Rodolfo Reyes ha hecho el pedido desde el mismo lugar en que hace un par de años se le negara la entrada a Cuba a Manfred Novak, observador internacional para la tortura y con rango similar a la señora Pillay. Ambas, la negativa a Novak y la petición a Pillay pueden ser tomadas como actos provocativos.
¿Por qué haberle negado al Mr. Novak entrar al Combinado de prisiones de Guantánamo donde se practican métodos de tortura conocido como “El Balancín” y “La Shakira” para humillar y quebrar tanto a reos políticos como comunes? ¿Por qué el gobierno cubano hace lo que siente un reclamo justo, rogándole a Mrs. Pillay que atienda el caso de los conocidos agentes y no por otros como Ana Belén Montes que sí testificaron sobre sus actos de espionaje y hasta hicieron arreglos con la justicia norteamericana?
Han pasado sólo unos días de la celebración en Holguín del llamado Coloquio Internacional por los Cinco, un evento político a favor de los oficiales de inteligencia cubanos sorprendidos en sus funciones dentro del territorio norteamericano. Banderolas, pancartas, marchas encendidas y conciertos y festejos fueron las vías para animarnos (a nosotros, cubanos, provincianos orientales e hiperdesconectados) a protestar porque liberen a los tan promocionados agentes cubanos. Los delegados que participaron, después de los saraos preparados al efecto, rebozaban esperanza y solidaridad, y se marcharon a sus mundos “indignados”, dejándonos aquí tan solos, entre las cenizas de la inopia.

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Partisanos contra el poder


Acaban de regalarme una copia del documental Partisanos de la música. Además de su impecable factura en la búsqueda de caminos para descubrirnos el objetivo del documentalista hace un acercamiento valioso a un grupo de rock en Bielorrusia. Son chicos underground que han decidido a fuerza de detenciones y golpizas abrirse pasos entre los militares y mostrarse a su pueblo, mostrar una sinfonía roquera que les ofrezca una brecha para la esperanza en medio de una férrea dictadura. Miroslav Dembinski puso hace un par de años este material a los ojos de los espectadores y los cubanos que hoy vemos su obra no podemos evitar comparaciones.

Los espacios públicos bielorrusos, como los cubanos, son ocupados por la milicia para impedir manifestaciones de descontento, solicitud de permisos para ofrecer un espectáculo callejero, acabar con las protestas a golpes de porrazos y llevar a músicos y públicos hacia las unidades policiales. Son métodos que se funden unos con otros para redondear el retrato de una dictadura y otras a miles de kilómetros de distancia pero cercanas en el pretexto de conculcar los derechos fundamentales de la ciudadanía. En Cuba ni el grupo de punk Porno Para Ricardo ni los raperos Aldeanos, Eskuadron Patriota y otros similares con acertadas tendencias de ser irreverentes y contestatarios han gozado de impunidad. Las letras de Aldo Padrón, Ciro y Gorki Águila son dardos contra la censura. Los performance de Tania Bruguera, las instalaciones artísticas de José Ángel Vincenth, de manera silenciosa pero sostenida, así como escritores y algunos artistas independientes pueden enamorar a un público mayoritario más temprano que tarde.

En el documental Partisanos de la música un candidato de la oposición al temible Lukashenko sube al escenario y comparte la irreverencia de unos roqueros con el pelo pintado de fucsia, sin sospechar de nadie, sin atacarles el atrevimiento solo para que junto al público enardecido le ayuden a gritar “bienvenidos, soy el futuro de Bielorrusia”, un silogismo que no nos vendría nada mal.

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Habemus papa?

Foto/Luis Felipe Rojas


Lo recibimos como a un Padre en esta tierra que custodia, con entrañas de dignidad y raíces de cubanía, la campana de la Demajagua y la bendita imagen de la Virgen de la Caridad de El Cobre (Pedro Meurice Santiago de Cuba)

Ya es comidilla de los medios informativos que BenedictoXVI el Papa post Juan Pablo II vendrá a la isla el año próximo. La visita encara un reto para tres actores esenciales de la Cuba de ahora mismo.
El primero es el propio Benedicto quien tendrá que lidiar con la varilla de salto, alta, dejada por su antecesor. Catorce años después todavía se recuerda una mar de gente gritando libertad, abrazándose como si fuera el día D y rogando ante la Virgen de la Caridad del Cobre más libertad para Cuba y para todos los cubanos.
El otro actor es la Iglesia cubana misma pues en la persona de su jerarquía eclesial, tiene el reto, sí, pero también la oportunidad de demostrar cuan popular es ante una masa de cubanos, cuan respetada es por las instancias de gobierno y que puede hacer mas allá de las promesas por una nación ensombrecida por la violencia contenida, la miseria en crecimiento y la desesperanza servida como plato fuerte cada día.
El tercero somos nosotros como pueblo, las cámaras y micrófonos del mundo entero estarán mirando qué pedimos y cómo lo hacemos, de aquí saldrá una bonita foto de lo que podamos hacer en un futuro, cuando nos cansemos de esperar de otros lo que podemos hacer con nuestras propias manos.
Aunque ya no está el guerrero que fue el Arzobispo Pedro Meurice Estiu, alguien tendrá que presentarnos como un pueblo que cada día cuenta con menos puestos laborales, una nación a la que han obligado a apretarse el cinturón (eufemismo utilizado para dominarnos) por una orden venida de la junta militar que nos gobierna, en fin, un país donde sus hijos no pueden gritar la palabra libertad sin que le aporreen la cabeza y los obliguen a dormir en pestilentes calabozos.
Aun así puede ocurrir todo lo contrario y en un abrazo verdeolivo y púrpura nos mostremos ante los ojos abismados del planeta como un rebaño dócil sin esperanza, sin sueños y para colmo sin agenda.
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La obsesión por la libertad


¿Qué hacer para fortalecer la estructura de la sociedad civil en un país? Parte de la respuesta es un coro polifónico entre unas decenas de activistas de derechos humanos en Cuba. Al iniciar esta semana finalizó al curso para la formación del liderazgo no violento que en forma de taller interactivo ha impartido el ingeniero Librado Linares en Baracoa, provincia de Guantánamo. Con sesiones diarias de 5 horas de clases los integrantes del taller tuvieron la posibilidad de repasar las diferentes etapas históricas por la que ha atravesado la lucha no violenta, tanto en Cuba como en el mundo. Los ejemplos más notables de como la sociedad se ha enfrentado a regímenes totalitarios, como Serbia o Chile, las enseñanzas de King y Gandhi las amenazas a la libertad venidas de fuerzas oscuras son parte de este itinerario no violento, un pequeño mapa de la voluntad humana.

En un marco represivo como lo es el Oriente de Cuba, las aproximaciones de Librado Linares refuerzan la necesidad de un activismo pro-activo en la isla, así como la impronta de que los principales líderes de la resistencia vean con luz larga que el entramado social es más complejo de lo que parece a primera vista. Linares, integrante del grupo de los 75, recién salió de una condena de 20 años de los que sólo cumplió 8 como parte de las presiones al régimen castrista es de los que persevera en la idea de que sus corregionales aprehendan las herramientas para implementar una estrategia que desemboque en un cambio pacífico en nuestro país. Pasar de la etapa simbólica en la que nos encontramos a la denominada resistencia selectiva y de ahí a la escala exponencial es el deseo de muchos. Por ello, según las apreciaciones de Librado Linares el curso de una gran estrategia debe tomar el sendero de la inclusión y no su contrario, el aprovechamiento de la solidaridad internacional a través de las fuerzas decisivas en el exilio y hacer de una vez y por toda que haya una sociedad civil autónoma y firme.

Una charla, una discusión enriquecida por experiencia, un empeño de convertir la obsesión por la libertad en la libertad definitiva.

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