Archivo mensual: mayo 2011

Brigadas para matar a un cubano

Foto/Luis Felipe Rojas

El gobierno cubano anda por estos días atareado en justificaciones. La muerte de Juan Wilfredo Soto en Villa Clara, las golpizas a los guantanameros de la familia Tabío-Ramírez y dos o tres detenciones más con golpizas incluídas confirman las acusaciones de asesinato.
Hace unos días llegó a mí el documento que les extiendo más abajo, son las orientaciones dadas en una empresa en la provincia Holguín para repudiar con palos y cabillas a los disidentes y otros inconformes sociales. La foto en la parte superior de este post fue publicada por mí hace casi dos años, entonces un lector sugirió que era montada pues parecía “la sala de una casa”. Hoy lo puedo revelar, la foto fue tomada en la fábrica de tabacos del municipio Antilla, allí permanecieron los tubos colgando hasta que un día los pusieron menos visibles.
Este documento que hoy les muestro colgaba del mural de una empresa en la ciudad de Holguín, su director general es un fiel defensor de la supuesta benevolencia de la revolución cubana. Entre las indicaciones resaltan dos aspectos interesantes: que los integrantes de dichos escuadrones no revelen nunca que han sido enviados por la policía o el partido comunista, y dos, que las armas deben ser rústicas, las cabillas forradas con cable, todo por que parezca que ha sido “el pueblo enardecido” quien sale a defender el socialismo.
Una extraña y clara conexión une estas orientaciones, el Informe de Raúl Castro al congreso del PCC y la muerte de Juan Wilfredo Soto. Las golpizas a las Damas de Blanco frente a los reporteros internacionales, los arrestos violentos en Holguín, San Germán, Placetas, Matanzas y Pinar del Río son parte de un mismo eje. Las Brigadas de Respuesta Rápida afilan sus palos y cabillas, y para estos crímenes nunca faltan defensores.
Hoy suman más de cinco twits que envié donde había denunciado la desaparición de Caridad Caballero Batista desde el día 25. Estará cerca el día de… A donde van los desaparecidos?
Aquí les dejo el documento

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Estas imágenes se las debía

Estas fotos se las debía del post La  mentira de las mentiras.Son la denuncia directa a un régimen que cuenta con hombres capaces de cumplir la orden de golpear a personas inocentes y entre ellas a las mujeres.

Fotos/Luis Felipe Rojas

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Unos minutos con El estudiante


Lo vi dos veces en mi vida. La primera vez fue en Placetas, no recuerdo si en casa de Amado Moreno o en la de Antúnez e Iris. De allí salió para asegurar algo de una protesta que haríamos, pero no lo volví a ver porque fue detenido como algunos de nosotros esa tarde de 2009.
El jueves 28 de abril me fui con mi esposa Exilda a ver al Coco Fariñas, Santa Clara se abría otra vez a nosotros y como entramos furtivos, en el más riguroso de los silencios, pudimos llegar a la Calle Alemán del Reparto La Chirusa. Nos recibió la inigualable Alicia. El Coco estaba viajando tarde desde la capital al centro del país y eso la preocupaba, pero se alentó un poco al vernos, conversamos por más de dos horas, bebimos un café que aún no estaba mezclado con chícharo nuevamente y esperamos a que llegara el Premio Sájarov de Santa Clara.
Yo estaba en el fondo de la casa cuando sonaron las puertas (del carro que traía a Guillermo Fariñas y la de su vivienda), sentí las voces, los cuídate y descansa, nos vemos mañana, llega temprano que tenemos mucho para trabajar, Adiós Alicia, etc.
Me asomé por curiosidad y vi a contra luz, una mancha, la sombra de un hombre que se despedía de la familia y desapareció en la noche calurosa de aquel día. Cuando el Coco me vio, lamentó que no haberme presentado a Juan Walfrido Soto, El estudiante, pero lo vería al día siguiente cuando sesionara, “aquí mismo”, me dijo Fariñas, el Consejo de redacción del Foro Digital Cubanacán Press.
Hablamos hasta la madrugada y decidimos irnos sin dormir, regresar a Holguín y yo volver dos días después por toda Cuba hacia la Habana. Una semana más tarde, siete días exactos, recibiría los golpes, la hospitalización, llegaría la muerte, la infamia, la injuria oficial en el único diario que existe en el país. Sé que esta es una crónica extraña, es la historia de una amistad sin más hilos conductores que el deseo de la libertad. Ahora busco la diferencia entre las voces que me rodean por estos días: ¡El estudiante era mi amigo!, ¡Juan Walfrido hubiera sido mi amigo!, he dicho yo sin que me entiendan. Sé que me escucha y no lamento la desconexión, por alguna razón bendita volveremos a vernos, tendremos por fin el abrazo de aquella noche y dejará de ser una sombra con el brazo en alto, una voz que dice Adiós contra la lámpara de la sala en Casa del Coco Fariñas.

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La mentira de las mentiras

“Jamás se le ha dicho una mentira al pueblo. La unidad de nuestro pueblo no se basa en la idolatría a un individuo o en el culto servil a un individuo, se basa en una conciencia política sólida y profunda. Las relaciones de la dirección de nuestra Revolución con el pueblo se basan en la conciencia, se basan en principios, se basan en la lealtad probada, se basa, entre otras cosas, en el hecho de no haberle dicho jamás una mentira al pueblo”. Fidel, 18 de julio de 1985.
Así vestía su portada el periódico Granma el pasado 11 de mayo de este año para justificar la muerte de un ser humano en Sta Clara unos días antes. Pero sucede que no decir mentiras es no decirlas. Y cuando en tu país te asaltan a cada noche en el sueño las imágenes de tus amigos golpeados, las mujeres que han compartido contigo un grumo de pan y refresco aguado en una terminal o han dormido junto a ti en un tren para trasladarse y apoyar a alguien en necesidad, entonces la verdad se muere, o cae herida. Las fotos que acompañan este post fueron tomadas en Caimanera, Guantánamo y Bayamo. Y no están todas las mujeres golpeadas, pero son testimonio de cuánto se daña al ser humano cuando un gobierno totalitario quiere impedir el aluvión de libertad que se le viene encima.
Yisel Flores, María Alfonso Córdova y Elisa M. Reiner, son tres opositoras al régimen de La Habana que residen en el municipio de Caimanera, un enclave especial por su cercanía con la Base Naval Norteamericana de Guantánamo. El día 27 de enero fueron brutalmente golpeadas por órdenes de la denominada Seguridad del Estado, en la persona de la Policía Nacional Revolucionaria y sus bandas paramilitares de las Brigadas de Respuesta Rápida.

foto/Luis Felipe Rojas


Las golpizas a Caridad Caballero Batista, Martha Díaz Rondón o Reina Tamayo Danger, de igual manera han sido denunciadas en esta bitácora.

Foto/Luis Felipe Rojas


A Yakelín García Jáenz la golpearon en Bayamo en febrero pasado por oponerse a la encarcelación de su esposo, Ariel Arzuaga Peña, y pretender rememorar respetuosamente la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Las ventanas de su casa fueron destruidas por las turbas… y nada sucedió con los agresores. Hoy Ariel está pendiente de juicio y con una petición fiscal de 8 años de cárcel.
El gobierno se empeña, la mentira corre y la verdad espera en un recodo del camino.

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Otra vez Alberto

Foto/Luis Felipe Rojas


Ahora es que puedo publicar este post que debió hacerse junto con el documental pero ya entenderán ‘allá afuerá’ por qué las demoras.
Hace un año escribí sobre Alberto Lairo Castro, un joven holguinero al que habían aplicado, allá por el 2007, una llave de inmovilización conocida como ‘Doble Nelson’ usada por las fuerzas de la Policía Nacional Revolucionaria para reprimir a la ciudadanía.
Alberto quedó inválido, la hospitalización prolongada le provocó escaras en la espalada y sus torturadores fueron absueltos dos veces. Caridad Caballero y Fidel García Roldán me llevaron a él, me mostraron una grabación hecha con una cámara fotográfica y puse la historia a rodar.
Un año después me decidí, alejado de aquel suceso, hacer un pequeño documental, sin otra pretensión que jugar con el tempo real, hundir la historia en la suciedad del ambiente, comprimir los sentidos contra las paredes desconchadas del minúsculo apartamento donde reside Lairó Castro y sacar a flote mi nuevo experimento audiovisual.
Lo grabé con una cámara Sony-Everio que me regaló Malena, un alma caritativa que cree en la máxima de Teresa de Calcuta: “hay que dar hasta que duela”.
El material tiene un sonido pésimo para el espectador menos entrenado, pero seguramente se quedarán conectados a Alberto, ese ruido que se escucha en ¿Por qué me golpeas? (el documental de marras) es el que aturde a este joven paralítico día y noche, vive a dos metros de una de las calles más céntricas de la ciudad de Holguín, en Pepe Torres, entre Martí y Frexes.
Por último, les cuento que viajé 800 kms entre San Germán y La Habana para poder colgar el documental en Internet, en Santiago de Cuba me fue imposible y gasté una fortuna en las tarjetas del cibercafé. Finalmente no pude hacerlo en ninguna de las dos ciudades, la conexión estaba malísima, de modo que recurrí a mi amigo Orlando Luis Pardo Lazo, a quien agradezco infinitamente su colaboración y elogios después de visionarlo. OLPL no pudo ponerlo en mi cuenta en You Tube, lo puso en la suya y de inmediato me llovieron las felicitaciones y agradecimientos. Dos holguineros que andan extraviados hace dos años por el Sur de Francia me reenviaron el enlace y se han dispuesto a distribuirlo entre los suyos, esa es una de las ayudas más eficaces.
De ningún modo podría imaginar que un documental mío fuera a ser visto nuevamente por cientos de personas, después de mi exclusión de los medios informativos de mi país. Ahora, gracias a la patria libre y ancha que es la Internet puedo preguntar con Alberto Lairó Castro ¿Por qué me golpeas?

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Por qué me golpeas?

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Inventarios, apropiaciones

Foto/Luis Felipe Rojas

Han pasado varios años desde que comenzara a pensar el mundo a través de la ficción o la poesía. Ahora me pregunto por qué no me interesa ficcionar algunas mentiras a medias o unas verdades que me dan escalofrío. Me lo he preguntado varias veces.
Tengo en mi mente el rostro  amoratado de José Cano Fuentes, un guantanamero golpeado por los policías en Santiago de Cuba. Me sobrecoge el rictus de dolor de Martha Díaz Rondón varios días después del encono de la seguridad allá en Banes el 31 de octubre del año pasado. Hay cosas que me servirían para el testimonio y no para intentar escarceos literarios en certámenes a los que ya no soy invitado.
La familia de un reconocidísimo cineasta se enfureció cuando cité palabras de un alto funcionario cubano acerca del ambiente festivo y revoltoso que un festival de cine en provincia producía en los jóvenes participantes. Recibí una andana de increpaciones, yo, y no el entonces citado funcionario. Podría intentar una buena comedia, vodevil digno de estos tiempos, sin embrago no me anima ese tipo de usurpación de la memoria colectiva. Otro ataque más por una precisión acerca de qué es o no un acto público, una alerta de cómo se diversifican o se dejan inducir los que ahora puedo llamar “mis nuevos lectores”.
La función escritural se hace global en cuanto tocas un tema local. Se retrasa y se vuelve rancia cuando una muchacha de Las Tunas que estudió en mi misma facultad por los años ’90 y ahora reside en Lausana, S-U-I-Z-A, me pide a gritos que noticie sobre el lugar donde vivió hasta hace poco tiempo. Lo que me importa es hacer la propia geografía de mis experiencias, sin embargo debo atender ciertas exigencias de los lectores más fieles de esta bitácora, de los que se acercan para las novedades del mundo asfixiado donde aún respiro y no debo defraudarlos.
En ocasiones, cuando intento balancear la historia de víctimas y su problema causal, estos trozos de desespero son una tragedia digna de Félix B. Caignet. Creo que los frutos verdaderos llegarán cuando comprenda por qué no puedo callar, por qué mi única brújula es no mentir y sentirme un hombre honrado.

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