Archivo mensual: diciembre 2010

Polémica antología.

Foto/Luis Felipe Rojas

Por la primera jornada de mi blog Exilda, mi esposa, me regaló este post que forma parte de varios articulos de ella no publicados aun.

Acabo de saborear por estos días un gusto y cierto resquemor a la vez la segunda entrega de la serie Antología de Caminos, esta vez se trata de ‘Raza y racismo’. Es una compilación que los editores de la revista Caminos, adscrita al Centro ‘Martin Luther King Jr’ prepararon con fines de ahondar en la problemática racial del momento en Cuba, una moda que no sabemos cuándo irá a parar.

La antología aparece cuando se ha convocado en Cuba a la celebración del Centenario del Partido Independiente del Color, fundado por Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet en la primera década del siglo XX. En la antología de marras hay un texto que me ha parecido tendencioso y quisiera apuntar algunas cuestiones.

En el trabajo ‘Identidad racial de gentes sin historia’, de Yesenia Selier y Penélope Hernández se toma por sentado que nosotros, negros y mestizos de esta tierra tenemos una visión negativa y conflictiva de nosotros mismos, que históricamente hemos sido olvidados y marginados, pero que gracias a “la revolución del 59” logramos incluirnos social y políticamente.

Aparece otra vez así, un centro como el ‘Martin Luther Kin Jr.’ Que se encarga de promocionar el espíritu mesiánico del programa castrista para la nación cubana. Resulta que Fidel Castro y sus barbudos bajados de la Sierra Maestra han sido los que nos vinieron a salvar de la ignominia del racismo. Esto conforma ese plan que los teóricos del socialismo tropical amansan para la posteridad y buscar adeptos actuales.
Desde la óptica personal puedo dar testimonio de mis abuelos Oscar e Iris, inmigrantes caribeños de Antigua-Barbuda y Jamaica, respectivamente. Una mulata y un negro que vinieron en busca de fortuna o prosperidad y encontraron el amor, hicieron familia de cinco hijos y ayudaron a cimentar este pequeño pueblo: San Germán, perdido en la enmarañada geografía oriental cubana.

Su amor al trabajo, la pertenencia a una raza con patrones de peinado, bailes y maneras de comportarse hicieron de ellos personas respetables, también porque respetaban a los demás en una sociedad como la cubana de la primera mitad del siglo XX. Sus descendientes aprendimos que ser negro no es un lastre, un error y sí un orgullo. Ser negro se acompaña de una cadencia al caminar, al gesticular, un modo particular de preparar comidas y una manera distinta de llevar la historia de nuestros antepasados: los que atravesaron el peor crimen de la humanidad que fue la esclavitud. Eso no nos hace mejores que otros, pero nos hace distintos, y a mí, una mujer negra del siglo XXI, me supone una responsabilidad que llevo con total dignidad.

Los planos referenciales en los que se apoyan algunos críticos del racismo en la actualidad, en ocasiones los pone del mismo bando de los racistas más furibundos.

Antologías como la que ha preparado la Editorial Caminos, que responde a las buenas relaciones del cristianismo y la izquierda latinoamericana con el Estado cubano, son también una manera de la desmemoria inducida. El fenómeno de la integración racial no debe pasar por el tamiz de las falsas celebraciones ni los apuntalamientos de los errores del pasado.

La esencia, lo trascendental en el problema negro en Cuba será sacar a la luz las torpezas y poder contar con el ánimo de todos para que sea una sola de una vez: raza y nación.

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Un año para “Cruzar las alambradas”.

Foto/Luis Felipe Rojas


Me hubiera gustado hacer una fiesta pública en un ciber-café porque de todos modos esta bitácora no es mía solamente sino de mis lectores y mis amigos. Pero la realidad se impone y sé que estoy lejos de tales alharacas.
La generosidad de un grupo de personas me ha permitido postear desde la distancia física y tecnológica que es vivir en un pueblecito al centro del oriente cubano.
La bondad de unos chicos a los que casi les doblo la edad hace posible que me puedan leer en Inglés, Francés y si Dios lo permite, en solo días lo harán en polaco, y eso para un escritor que sus libros no llegaban a los 500 ejemplares, sí es una fiesta sin nombre.

Ha pasado un año y llevar este diario, esta hoja de ruta de la vida cubana actual me ha permitido el pasaporte hacia algunas celdas policiales, me he buscado una pandilla de facinerosos que vigilan mi casa día a día (con eso se buscan su pan) y mi nombre aparece en los listados de los puntos de control de carretera. No es un récord ni un buen average, es la respuesta de la fiera herida: el poder absoluto que no admite dedos señalando sus manchas.

Un balance del camino recorrido me hace saber que han sido más los latigazos por no aceptar bajar la cerviz que los premios y nombramientos, pero este sitio es para dejar memoria de lo que sucede en mi país, no un muro de lamentaciones ni una postal turística. A quienes intentan desacreditarme: gracias por el tiempo que me dedican, las mismas acciones del régimen que ustedes defienden me dará razones y fuerzas para seguir. A los que me dieron aliento: “Rosi de Cuba”, “Armienne” “Lory” “Gabriel” y todos los demás? gracias, humildemente les digo, gracias, intentaré ser más objetivo cada día, ya verán.
El interés de Yoani Sánchez para que abriera este botafuegos contra los violadores de derechos humanos y los que se creen dueños del país, ha hecho posible este tramo del blog, a ella, gracias.

Por último, a mi fiel administrador, esa persona que desde el Polo Norte seguirá siendo una guajira, un alma de Dios sin comparación, gracias.

Lo que sí puedo afirmar con todo el placer del mundo es que esta es una bitácora que se hace a retazos, entre el horror que veo y me cuentan mis compatriotas, lo poco que sé de redacción para armar estas historias y el comentario de los lectores, por tanto apláudanse ustedes mismos. Vendrán mayores empeños. Enhorabuena.

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La garra de Garrincha.

Nací en 1971. Mi generación creció bajo la impronta del humor “revolucionario”. Nunca supe de los Comics, sino de las historietas de Cecilio Avilés y Blanquito, del semanario Palante y el finado DDté. No disfruté de Quino y Fontanarrosa hasta pasados los 20 años, no tuve la oportunidad de ver la magia de Charles Bronw. Mi pasión fue Garrincha, después de los 25 años. No disfruté de las primeras lombricillas que aparecieron en la revista militar Verdeolivo, pero empecé a coleccionar cada tira suya que salía en la prensa cubana a partir de los años noventa del siglo XX.

Creo que hace un par de años lo perdimos de la vida nacional para empezar a reencontrarlo en la sección de opinión gráfica sobre Cuba en El Nuevo Herald, de Miami. Garrincha es un ser que emana humor del bueno por todos lados, creo que el sarcasmo que le ha faltado a la prensa cubana por mucho tiempo lo tiene él de sobra. Las lombricillas, sus hombres deprimidos, las mujeres super ligth, los pepillos o jovencitas pizpiretas y los burócratas son de lo mejor en la sátira criolla desde Castor Bispo, Gaspar Pumarejo y lo salvable de Enrique Núñez Rodríguez cuando no se ponía catedrático o hipercastrista.
Cada mes alguien me envía las viñetas de Garrincha que aparecen en el citado diario floridano, y aunque uno sabe que desde una aldea como San Germán, en la provincia Holguín se pierde bastante la objetividad debido a la apatía de los grandes medios para noticiar sobre nosotros, existe la alegría por el humor cubano en general. No se ha puesto ultraderechista o adocenado, ni de centro ni moderado con lujo, es simplemente él, humorista, sarcástico y sin fidelidades que atrofien su agudeza. Celebro mi ignorancia delante de mis lectores: imagino que exista una WebSite para él o colabore ya con varias publicaciones digitales, por ahora me conformo con saber que le espero cada semana en los rebotes de prensa, en las copias en CD y algún periódico que pase las rejas de la Aduana General de la República de Cuba. Con eso basta mientras ese chico travieso que responde al nombre de Garrincha le saque la lengua al cuello alto y estirado y los que se creen a salvo de una buena trompetilla.
Falta que nos hace para empezar a ser un país de verdad.

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Democracia y subversión en el autobús.

Foto/Luis Felipe Rojas


Hice una vez más el recorrido Habana-Santiago de Cuba en una Yutong, china, reluciente, de las que no nos pertenecen a nosotros los cubanos sino a aquellos ‘aguerridos obreros’ del mundo capitalista que vienen a veranear a Cuba. Era una guagua de la línea Transgaviota, perteneciente al emporio turístico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en mi país.

Como esos ómnibus no deben regresar vacíos al oriente de la isla, entonces los hacen pasar por las estaciones terminales y allí recogen a los pasajeros que pasan varios días haciendo cola para moverse entre provincias. Esta vez si tengo que admitir, vergonzosamente, que con el gobierno de Raúl Castro ha habido cambios, superficiales (como dicen los políticos), epidérmicos (como dice la cubanología más rancia), pero ha habido cambios. Ahora en vez de envenenarnos con el reggaetón de turno o la última pasadita de Álvaro Torres por Europa (y que me perdonen los fans del salvadoreño), nos pusieron un concierto de Celia Cruz donde no se cansa de extrañar su tierra. Los extrañados eran unos jóvenes a mis espaldas que preguntaban por qué no la ponían. Cuando salimos del primer conejito en la Autopista Nacional, el chofer sorprendió con una selección de las mejores cien jugadas de las Grandes ligas, y vimos a Ordóñez y a José Ariel Contreras, a Canseco y Alex Rodríguez.

No me gusta la música edulcorada de Marco Antonio Solís, pero cuando lo aplauden esas multitudes latinas, me quito el sombrero y dejo mis remilgos para otra ocasión. En un homenaje que conforma el stok de todo chofer de ómnibus que se respete, Marco Antonio es saludado por el expresidente Bush y cuando se estrechaban las manos un repunte de infarto al miocardio vi en el rostro de un Teniente Coronel de las FAR que venía en la fila al lado de la mía.

Después el viaje se puso aburrido, pasaron unos cuantos programas made in USA nombrados Decisiones y Caso cerradol La gente se miraba anonadada ante esos latinos que balbucean el español y sin embargo ocupan negocios, son empleados de poca monta y son felices o lo aparentan. El viaje terminaba con un Caso Cerrado, especie de programa de participación en la vida íntima de la gente, donde un dominicano era acusado de explotar a una chica sub-normal, pero él, atónito, alegaba que no ha hecho nada del otro mundo, ‘si en Cuba te regalan una muchacha por 20 dólares’. El chofer fue bajando el volumen, unos miraron el paisaje oriental que se acercaba, la tarde caía y no nos dimos cuenta cuando el tipo del volante nos puso una película de robo de bancos. Estábamos hambrientos y con sueño, molidos por 700 kms de malas carreteras y peor servicio gastronómico, pero por 12 horas vivimos fuera del calor nacional y la televisión, que las caseritas y los obreros que se van a quedar sin empleo piden a gritos.
Ese también es mi país.

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Celebración y condena.

Foto/Luis Felipe Rojas

 

Mientras en varias partes del mundo se hacían votos por la Declaración Universal de Derechos Humanos Cuba ponía otra vez la nota negra. Comenzaron el jueves día 9 con golpes, actos de repudio y acoso a las damas de Blanco que en la Habana hacían su ya habitual recorrido por las arterias  capitalinas.

En todo el país hubo detenciones, cortes de servicio telefónico y acoso policial a las casas de los activistas. La primera mala noticia me entró en un mensaje de texto de Rolando Rodríguez Lobaina el viernes a las 7.00 am.   A esa hora fueron detenidos él y su hermano Néstor. A Rolando lo dejaron en el cuartel del Parque 24 en de Guantánamo y a Néstor lo llevaron a operaciones policiales. Después cayeron Enyor Díaz Allen, Isael Poveda Silva, Jorge Corrales Ceballos, José Cano Fuentes y otros activistas más.

Desde Santiago de Cuba me llegaron reportes de que Idalmis Nuñez y Tania Montoya   no fueron detenidas en la ciudad porque habían viajado a la capital a apoyar a las damas de blanco pero que allá también supieron de acoso, actos de repudio y malos ratos propinados por turbas amaestradas.

Más tarde recibí el recado desde Moa: Omar Wilson Estevez, Angis Sarrión Romero  y tres activistas más cuyos nombres no alcancé a entender por los extraños ruidos en la comunicación telefónica, habían sido detenidos. En Velazco pueblecito cercano a Gibara también hubo la dosis represiva. Detuvieron a Jonas Avila y Rafael Leiva.

Bayamo reportó la detención de Yoandris Montoya Aviles y otro joven de nombre Ariel. No tengo aun los nombres de los detenidos en Banes y Antilla y tampoco me han podido explicar porqué a  Néstor lo mantuvieron  en el G-2 hasta el domingo 12 en que lo condujeron a la cárcel Provincial de Guantánamo  sin hacerle un juicio ni una acusación formal.

No intenté viajar fuera de San Germán, conozco los métodos de vigilancia y control sobre mi persona y familia, igual conozco los personajes encargados del seguimiento.  Pero pude saber, porque una vez liberados Jorge y Rolando,  me lo contaron que en el parque Villalón los estudiantes y trabajadores sociales que llevó el gobierno intentaron ahogar el llamado de la Alianza Democrática Oriental a salir a las calles de la cuidad donde vivían cada uno de ellos a distribuir la Declaración Universal de Derechos Humanos y explicar la manera en que el gobierno y la policía cubana violan un documento firmado hace sesenta y dos años.

No sé por qué tanto miedo a la celebración ni a que las personas tuvieran en sus manos un papel donde dice entre otras:

Artículo 19.Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20.. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

 

 

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Osmany y las ‘otras marcas’.

Foto/Rolando Rdguez Lobaina


Supe de él porque en 2005 recibió varios disparos por parte de un agente del orden público en el municipio Antilla en la provincia Holguín. Desde esa ocasión se hizo un disidente público, un acérrimo enemigo del poder verdeolivo que regenta la vida del cubano de hace medio siglo. Me enseñó las marcas, los restos de las golpizas y con los ojos abiertos me habló de las ‘otras marcas’. Las que no se quitan con cremas ni ungüentos mágicos. Es decir, el efecto psicológico de haber ido a parar a la cárcel después de ser golpeado y herido de bala.
El 31 de octubre de 2010 en la última golpiza propinada a los defensores de los Derechos Humanos en Banes, digo, la más sonada, donde detuvieron y golpearon a medio centenar de activistas, Osmany Espada Rodríguez fue esposado salvajemente hasta quedar con marcas visibles otra vez.
En más de una ocasión ha estado detenido y defiende como el que más, los derechos de todos los cubanos. Su nombre no está en las listas de los más conocidos disidentes, ni lo llaman de las encumbradas organizaciones que quieren saber del último arresto, pero quienes le conocemos bien sabemos que labora desde la sombra para que su empeño esté presente en cada acción de la Alianza Democrática Oriental. Las fotos que acompañan este texto me las cedió Rolando Rodríguez Lobaina y aquí están a su disposición. A ver si algún defensor de la causa socialista del Palacio de la Revolución o un comentarista con seudónimos en los comentarios de mis post se atreve a desmentirnos una vez más.
Osmany merece atención, es un hombre enfermo, con las secuelas de los disparos, el hambre de la cárcel y las carencias de cualquier cubano multiplicadas por la más feroz represión de ahora mismo en esa lengua de mar que es Antilla, el rinconcito por donde apareció la Virgen de la Caridad del Cobre en una ocasión frente a tres hombres: un blanco, un mulato y un negro como Osmany Espada Rodríguez.

 

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La vida, los muertos.

Foto/Luis Felipe Rojas

La vida, los muertos
La noche del 3 de diciembre estuvo cargada de luz y amistad. Un grupo de amigos de Ernesto Santana nos citamos en casa de Yoani Sánchez para arrebatarle de las manos la novela El carnaval y los muertos, la última edición del Premio de Novelas de Gaveta “Franz Kafka”.
Es un premio a la constancia, un premio contra la censura, los autores que por distintas razones no reciben el premiso editorial cubano para publicar sus libros en la tierra que los vio nacer, tienen la posibilidad de enviar cada año sus obras a esta especie de generosidad y acto solidario y ver sus obras publicadas con la mayor calidad, como pueden ver en las imágenes que acompañan este post.
Por supuesto, no me he leído la novela y no puedo decir de su calidad literaria, he pasado solo un par de horas sin poder dejar la página y ya eso vale. La marginalidad, la imposibilidad de realización personal, e incuso el desinterés por lo que muchos intentan llamar felicidad son las claves de este relato largísimo, de esta novela corta. Los personajes de Ernesto Santana son fantasmas golpeados por la Guerra de Angola y el descalabro de la vida nacional, de modo que serán unas horas de angustia-placer que bien vale la pena desandar a ciegas.
Conocí a Ernesto en una feria del libro en Pinar del Río, allá por el año 2005 y unos meses después me entregó un manojo de poemas para el primer número de la revista Bifronte. de esa manera estrenábamos la revista publicando poesía de un narrador, un especie de Violín de Ingres.
Para mí, que estoy hace años alejado de la vida literaria oficial del país, fue un momento gratificante saber que hay un grupo de hombres y mujeres pensando la patria, reconstruyéndola a pedazos y poniéndola a salvo a través de sus ficciones y sus poemas. Cinco años después me encuentro con Ernesto Santana y por primera vez con otros: Amel Hechavarría, Daniel Díaz Mantilla, Ernesto Morales, Orlando Luis Pardo Lazo y varios más, un señal de que Cuba late en sus escritores, y de qué manera.

 

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Celda 16: otra de las alcantarillas por donde circulan los de la Cuba profunda.

Foto/Luis Felipe Rojas

Celda 16: otra de las alcantarillas por donde circulan los de la Cuba profunda.
Ninguno de los tres chicos que me acompañaron en aquellas horas de encierro en la Celda 16 de la Unidad de Operaciones Policiales de Guantánamo pasaba de los treinta años. Sus nombres: Alfredo, Raciel y Carlos.
Raciel

Moreno, fornido, algo montaraz es el típico joven oriental que ha emigrado a La Habana en busca de una mejor vida. Lo crió su abuela porque su madre lo abandonó. Reclamado por el tribunal de Guanabacoa, fue impuesto de una Peligrosidad Social Pre-delictiva, ese engendro jurídico netamente cubano que se encarga de juzgar aquellas conductas ‘proclives al delito’, pero simplemente así, sin haberlo cometido. La sanción debía cumplirla del trabajo a la casa, pero no hay trabajo. Su dipsomanía y propensión al alcohol lo han llevado a diferentes riñas. La noche en que lo trajeron tenía la cara hinchada por el ‘spray’ que le rociaron, según dijo, y sus ojos lagrimearon toda la noche. Me contó que en la Unidad del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) un policía le roció a él y otros más en la celda dos frascos del líquido antimotín. Ahora estaba en Operaciones pues el policía alegaba haber recibido amenaza de muerte para él y su hijo. Raciel nos decía todo el tiempo, pero si yo no lo conozco, no sé si tiene hijos, familia, que sé yo.
Cuando salí, me dio un abrazo y me pidió que contara algo de su historia. Tiene en su haber seis deportaciones desde La Habana, “La capital de todos los cubanos”. Ha logrado cuatro documentos transitorios para quedarse allí, pero siempre lo regresan so pretexto de ser un “peligroso-social- pre-delictivo.

Alfredo
Lo vi sobre la litera pelada, sin el colchón y unos ojos grandes y asustados. No habían pasado diez minutos y ya estaba conversando. Conoce a Jordis García Fournier y Abel López Pérez, los presos políticos que habían estado la noche anterior allí. Es un joven de aspecto tranquilo, amante del béisbol, el cine y la vida en casa. Esta era su primera estadía en una celda, jamás fue multado ni requerido por autoridad alguna.
Contó que desde agosto dejó su trabajo de Contable en una unidad de Correo postal, pagaban muy poco, dice y el jefe es un ex-militar algo extremista. Tres meses después lo fueron a buscar a su casa pues faltan unos documentos que avalan más de 38 mil pesos cubanos. Cuando nos contó aquello, le preguntamos si no había hecho entrega de todos sus documentos en regla a sus superiores antes de salir y cuenta que sí, que incluso él mismo confeccionó un documento que avala dicha entrega y colmo de colmos: fue firmado por su jefe, secretaria del núcleo del Partido Comunista de Cuba y la económica principal. Que desde hace una semana le pedía al Instructor Penal que le buscara ese documento en su casa, en algún momento le permitieron hablar con la esposa y le indicó a la misma donde se encontraba el aval. Pero ante cada interrogatorio, dicho instructor le prometía pasar por casa y buscar el papel. La noche antes de yo salir lo habian sacado a las 2 de las madrugada y ahora lo amenazaban con imponerle una multa de 300 pesos por no haber dicho antes lo del mencionado documento, lo acusaban ya de ocultación de datos a las autoridades y obstrucción de la investigación.

Carlos
Es un guantanamero de la parte Este de la ciudad, algo huraño al principio pero se destapó como el más conversador e inteligente. Antes que lo cambiaran por Raciel estuvo despotricando del gobierno hasta entrada la madrugada. Lo habían sorprendido hacía una semana a más de 80 kilómetros de las cercanías de la Base Naval de Guantánamo: a más de 80 kilómetros. Unos campesinos auxiliares de las Tropas Guardafronteras lo despertaron en una tarde de cansancio y lo llevaron más de cinco kilómetros a campo traviesa hasta la conocida Posta 16, allí lo entregaron y lo encerraron. Dice que en los primeros días lo acusaban de Intento de salida ilegal del país, pero luego, ante la falta de pruebas, lo amenazaban con encausarlo por ser el Práctico de los que aspiran a fugarse de Cuba por esa zona.
Son tres ejemplos nada más de las lindezas que se ven en ese sitio de horror que es El Otro Guantánamo, el Abbu Grahib de los hermanos Castro’s.

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Detenido 1263: celda 16.

Foto/Exilda Arjona

Era sábado 27 de noviembre, salimos temprano para Guantánamo y a las 12:40 pm estábamos en el punto de control conocido como Río Frío, a escasos kilómetros de la ciudad del Guaso.
Cuando la Policía detuvo la máquina en que íbamos, me pidió el carné urgentemente, al igual que al chofer y a la hora de estar bajo el ardiente sol del este oriental, pretextaron una comprobación al vehículo.
Mi hijo Malcom, de siete años empezó a vomitar por la náusea y la falta de alimentos. Algunos policías se acercaron, uno de ellos se veía algo apenado, pero allí nos dejaron unas horas más. A las 3:00 pm vino un oficial del G2 y me montaron en una patrulla de carretera y me llevaron directo a la unidad de operaciones. Un leve altercado al bajar me dejó un rasguño en la frente y un hematoma en el brazo. Lo demás fue puro trámite. Atrás quedaba mi Exilda con los niños. En Guantánamo quedaba a la espera de nosotros Rolando Rodríguez Lobaina y su esposa Yanet pues seríamos los padrinos en el bautizo de sus tres hijos el domingo 28. Es la primera vez que sé de la prohibición de un bautizo católico en los últimos 20 años. Quedaba el rostro de mi hijo Malcom cuando le dije adiós desde el jeep con las esposas puestas.

1263
Eres el 1263, me dijo el oficial Ramírez. A lo que le contesté, por esa cifra no voy a responder, que quede claro. Lo demás fue la angustia del encierro y la buena conversación de mis compañeros de celda. A los que después de explicarle que soy un perseguido político en mi país y que puedo denunciar incluso lo que le sucede a ellos mismos me contaron sus historias, pero con el miedo aún, me pidieron que no dijera sus nombres, sin embargo les pedí que escogieran sus seudónimos: Alfredo, Raciel y Carlos. En otra ocasión les contaré sus historias.
Desde las 3:00 pm del sábado que entré a Operaciones no probé alimento hasta el domingo en la noche en que bebí un jugo de naranja, ácido y sin dulce que dieron en la merienda. Al amanecer del lunes volví a beber un caldo oscuro que algún día supo a chocolate. Las dos noches fueron un infierno, las paredes están llenas de manchas de sangre, pues los reos se entretienen matando mosquitos contra la pared y con los residuos escriben sus nombres, anotan fechas, tiempo de estadía y sus lugares de residencia. El retrete emana su pestilencia todo el día y según pude ver, jamás barren la celda. Me negué a comer, pero pude ver la comida de los otros detenidos: sopa aguada y sin sabor me dijeron, arroz amarillo a la fuerza y un huevo hervido, frío y duro..
La noche anterior a mi detención en la misma celda estuvieron Abel López Pérez, Jordis García Fournier y Yoandris, jóvenes guantanameros, los dos primeros, presos políticos y activistas destacados de la oposición pacífica.
Pude darme cuenta de hasta donde la burocracia ha minado la vida del cubano. Querían que firmara mi detención, acta de decomiso del cinto y el teléfono, devolución del cinto y el teléfono, acta de advertencia y carta de libertad. Por supuesto, no firme nada.
El lunes a las 8:00 am me devolvieron a San Germán. Todo el trayecto fue al revés del sábado cuando iba con mi familia. Fue un retorno a la inversa, viendo como mi país se ha convertido en una jauría de fieras que pisan los jardines. Prohibir que asistiéramos a un bautizo de tres niños, qué locura.

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