Archivo mensual: abril 2010

Infierno en la carretera.


A cada rato me subo a un camión jaula que me lleva a la más oriental de las provincias cubanas, Guantánamo. Siempre voy pensando si me he acostumbrado a la pestilencia de los macutos con viandas, los animales vivos y los zapatos y ropas malolientes de los pasajeros que componen el grupo de quienes viajan. Es el camion más barato en esa ruta, por tres pesos, cubanos claro, se puede atravesar de una provincia a otra.
Entre el humo que el motor echa para adentro del camión y la gente fumando, cada tramo es un infierno. Cada cinco kilómetros hay un inspector, un policía, un funcionario que se acerca al chofer para informarle que harán un registro, luego suben al camión para revisar los paquetes de los pasajeros. Los asientos de metal, el humo del tubo de escape, mi cara tiznada, los rostros demacrados de las mujeres a mi lado, la geografia cubana que pasa como a sesenta kilometros por horas. A veces miro afuera y veo pasar los autos marca Lada, los nuevos modelos Toyota con tipos con cara de directivos y pienso en mi paciencia y la de los cubanos.
Leo la prensa oficial por respeto a Sonia que antes de bajarse en una parada me dijo “no dejes nunca de leer las mentiras que dicen ellos, ahí está la clave de todo” Pero yo no puedo encontrar esas claves que van envueltas en las disculpas “bloqueo americano, invasión imperialista o cambio climático.”

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Solidaridad humana.


En la primera foto quedó retratada la solidaridad humana. Es la casa de Caridad Caballero Batista en el 2008. Esa noche dormimos apiñados, esperando salir al día siguiente para apoyar a Orlando Zapata Tamayo frente a la Prisión de Holguín donde supimos que estaba plantado para exigir respeto a la dignidad humana, pero al amanecer de aquella fecha los gendarmes cedieron ante las exigencias del “Negro” Zapata, Alfredo Domínguez Batista, Pavel Mansfarrol y Juan C. Herrera Acosta.
Allí estuvimos con Reina Luisa.

En la segunda foto pasamos la noche como pudimos en la casa de Reina María Ortiz Tamayo la hija de Reina Luisa. Esta esta vez fue en Camaguey y en febrero del 2010. Esperamos el amanecer para salir hacia el hospital Amalia Simoni donde estaba ingresado y ya muy grave Orlando Zapata que había iniciado otra huelga dos meses antes pidiendo respeto a su condición de preso político.

En la tercera foto salimos a las calles de Camaguey, marchamos en señal de protesta, les contamos a todos que se nos moría el Negro Zapata si no lográbamos atención urgente. Todos recibieron golpes, magulladuras encierros en celdas del cuartel, amenazas, insultos. Allí estuvimos con Reina Luisa pero esta vez los oídos del poder se tornaron pétreos. No cedieron los cómplices del G-2 en Camaguey. No alertaron las batas blancas que atendían al ‘recluso’que las esperanzas de vida eran pocas. Se lo llevaron a la Habana en un ambulancia rodeado de militares. Reina partió al dia siguiente cuando pudo conseguir un auto que la llevara.

En la Habana, en la sala de penados del Combinado del Este, en el Hospital Ameijeiras murió dias después…pero allí no pudimos estar con Reina Luisa ni con el hermano OZT.

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Pesquisa cotidiana


Supongo que debe suceder en todos los lugares de Dios esparcidos por la tierra. Vigilar, atemorizar con la vigilancia la paz del mundo. Debe ser así, más o menos así. A los cuatro puntos cardinales de la tierra deben llegar estos hombrecitos nacidos para fastidiar a unos y hacer feliz a otros.
Mi roña genética al policía viene desde los minutos interminables en que nos detenían en la carretera que va desde la Sierra Cristal a Holguín, donde sin más perros olfateadotes que ellos mismos nos despojaban a cada estudiante movilizado para la Escuela al campo de dos o tres libras de café a cada uno. (Los más avezados siempre cargaban 10 ó 15 libras).
A los profes casi nunca les arrancaban su carga porque eran ellos quienes les daban la tajada directa a los polis.
El método, por lo menos en esos años, era dejar un paquete de casi 20 libras a la entrada del ómnibus o camión. Los guardias registraban, nos hacían bajar, nos quitaban una pantufla llena de café por aquí, una muñeca de trapo, atrangantada de granos por allá, hasta que recogían buena carga, nos lanzaban un regaño y seguíamos vía libre sin que nos volvieran a detener para molestarnos. Eso pasaba año tras años.
Un día, cuando estaba por terminar el bachillerato, escuché la confesión de un profe amigo de nosotros. Desde ahí supuse que debía pasar en otros aspectos de la vida diaria. Por eso nadie me convence. Un policía siempre está donde debe pasar algo, de lo contrario lo mandan ahí, para que pase algo. Ciertos resortes contra la inocencia empiezan a funcionar para toda la vida.
Veinte años después la vida sigue igual y en un viaje de Holguin a la Habana los registros, incautaciones y multas forman parte de lo cotidiano en las carreteras del país.

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Bajo costo.


Antes era así… y ahora también. Nací en una casa de tierra y piedra, cobijada con cogollo de caña, pero como yo escuché siempre que el discurso oficial decía que seríamos los privilegiados del 2000 pensé que al llegar a la edad de empezar a buscarle cobija a los míos, ya no existirían estas chozas en la Cuba que tanto adoramos.
En el barrio de Gutiérrez, el Distrito Cauto 3, La Cuchilla, Pedregalón y muchos más de esta geografía cubanoriental que soporta mis pisadas abundan las casas de “Bajo costo”, dice la nueva hornada de arquitectos populares, hacedores comunitarios de la miseria contemporánea.
Son tan de bajo costo que cuesta lo mismo erigirlas que derribarlas.
Esta que ven en la foto es de dos o tres años de levantada, la inclemencia de la lluvia va lavando las paredes para descarnarlas y dejarlas en la tierra pelada. El cogollo para el techo, es decir, la hoja de la caña de azúcar, hay que
cortarlo verde y ponerlo a secar por unos días para luego entrelazarlo pegado a los cujes. Adentro el piso de tierra, pulido por la escoba de la caserita. Afuera entre los matorrales el lugar para evacuar los intestinos, unos metros más al sur el pozo para coger el agua.
Aún en estas condiciones hay quienes tienen que enfrentar a los de la Unidad Inversionista de la Vivienda y sus lapas y otros chupasangres estatales cuando vienen a cobrarle por el préstamo que la Revolución les hiciera para ‘El bajo costo”.O a pedirle los papeles de la propiedad.

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Acta de Ocupación/Devolución.


Cuando el último 24 de Marzo me llevaron a Pedernales, el “Villa Marista” de Holguín, entré pensando quedarme unos cuantos días, atendiendo a las amenazas y ladridos del joven Jefe de Enfrentamiento de Bayamo, lugar desde donde me deportaron.
Pero lo más curioso no fue el interrogatorio en sí, rutinario, a juzgar por los anteriores. Lo insólito fue que en esta ocasión un Oficial de Guardia Operativo, sin ánimo de discutir, sin notar siquiera que yo fuera un disidente o un delincuente, vació mi mochila sobre la mesa y comenzó el inventario de mis cosas.Fue asentándolas en dos hojas blancas que después me pidió cortésmente que firmara:

Muñeca para niña, color rosa y bata amarilla, hebillas de pelo, “pellizcos” azules para el pelo, lápices de color, álbum de foto familiar, almanaque de bolsillo, medias carmelita, dos calzoncillos de color gris, tres bolígrafos, toalla tricolor, camisa de rayas, pulóver negro con letras en inglés (me preguntó si sabía lo que decía), cámara fotográfica (le tuve que corregir, es de vídeo y aceptó de mala gana), reproductor MP3 (se lo tuve que deletrear)… y así contó unos artículos más.
Después me preguntó por la muñeca y los “pellizcos” con tremenda cara de hijo de p… pero le respondí que eran para mi hija, a lo que dijo: Sí, pero con más cara de HP todavía, para enseguida preguntarme ¿en verdad eso es para tu hija? A lo que le dije si le podía hacer una pregunta yo también y cuando me contestó si , le pregunté: Ven acá, chico, ¿y por qué de entre tantas cosas que hay en esa mochila tú empezaste a inventariarlas precisamente por la muñequita rosada y los aparaticos para recoger el pelo?

Se quedó serio un momento, sin embargo aproveché y le pregunté sin que le diera tiempo a nada: ¿Tú sabes quién es Sigmund Freud?
Pero puso la vista en la hoja donde anotaba las últimas cosas: una Biblia pequeña, dos cartas, teléfono móvil, pomo de perfume, una cuchilla de afeitar…

* pellizcos se le llama popularmente a los ganchitos que usan las personas en el pelo como adorno o para mantenerlo recogido.

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Muchachas en casa de Terence.




Son unas barbies tropicales con la esperanza a medio embastar. Llevan la ilusión a cuestas para forjarse un futuro de ensoñación primer mundista con tal de salir del atasco provinciano y la etiqueta de ser la cantera de la revolución cubana.
Las muchachas de las que hablo van a casa de Terence, el haitiano dueño de los caracoles, los altares del vudú y la comunicación total con los enggún (los muertos).
Van a casa de Luisito, un cartomántico el barrio que les trae en cada vuelta del mazo de cartas, el retrato hablado del príncipe europeo o canadiense que las llevará en Iberia, Air France o Air Canada, del lado de alla de los ‘infiernos inventados’ por la burocracia cincuentenaria cubana.
A las consultas espirituales a veces llevan un manojo de gallinas, un carnero, miel de abejas, aguardiente de caña y baros, fulas, magua,(dinero contante y sonante) para que quienes administran el correo con los seres superiores se sientan a sus anchas y nada falle en ese ir y venir por los hados que solo los dioses tienen derecho a develar.
En la larga cola de una mañana en casa del negro Terence puedes encontrarte a quienes, primerizas, vienen por hacerse invisibles ante los policías anti prostitución de los polos turísticos; otras, ya entradas al negocio buscan que su Romeo regrese en el tiempo prometido o antes incluso y con la suficiente provisión para enchapar la meseta de la cocina, el baño y comprar un tanque plástico para la azotea.
Por pura curiosidad indagué y para lo mío tengo que ponerme para las cosas, es decir, trabajar duro buscando lo que Terence me pedirá, según me han dicho debo llevar tierra de hospital, de los predios de una cárcel, de una unidad de policía, gajos de ‘Amansa guapo’, ‘Romepesaragüey”, ‘Rompecamisa’ y ‘Yo puedo más que tú’, además de miel de güira, aguardiente y una cazuela de barro para meter el ‘encargo’ que me dé Terence, en caso de decidirme a la consulta.
Conocí a Milenis, que ha viajado dos veces a Italia pero lleva año y medio en un atasco enorme: su chico ha ido postergando el regreso o la promesa de llevarla nuevamente y es algo que le preocupa mucho. Me confesó que no ha dejado de recibir los quinientos euros bimensuales, pero ha tenido que bajar el consumo en aras de contrarrestar lo peor, que un día le sea cortado el suministro bendito y todo se vaya por los aires. Sujeta una bolsa de tela con un ‘encargo’ que le hizo ‘el santero’, pero no me lo puede enseñar: “eso no se hace, niño. Lo puedes echar todo a perder”.
Son las once de la mañana, el sol destella sobre los techos de cinc galvanizado y da contra los rostros, los hombros descubiertos y las figuras alargadas de estas princesas de provincia. Ellas esperan con toda la paciencia que pueden. Yo soy alérgico a las colas y me marcho. Adentro Terence entona un rezo y la casa se impregna de un olor a albahaca, cera derretida y ungüentos perfumados.

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Varados en tierra de nadie.


No hay monserga ideológica que pueda convencer a un pueblo alimentado con mentiras. Los cocinadores de provincia del discurso y la muela diaria nada consiguen contra el rosario de quejas ciudadanas.
Desde finales de Enero la ciudad de Holguín se quedó sin el servicio de transporte por ferrocarril hacia La Habana. Pero ya no los transportaban en tren desde 2006, sino en los ómnibus chinos (Yutong) que lo hacían al módico precio de 26 pesos.
Entonces el Ministerio de Transporte decidió cancelar estos viajes por no ofrecer las ganancias estimadas. En su lugar han trasladado dos viajes diarios hacia la vieja Terminal de ómnibus al precio de 144 pesos en moneda nacional, pero desde entonces una interminable cola en lista de espera asusta al que llega. Los boletos clandestinos han subido de 10 pesos convertibles (CUC) a 15, la aglomeración ha vuelto a tomar los niveles de fechas pico (fin de año, inicio de curso escolar, inicio de vacaciones o día de las madres, cuando un número importante de cubanos decide viajar hacia o desde sus lugares de origen).
Otro tanto sucede con la vigilancia policial en la Terminal de Holguín, donde las patrullas azuzan a toda hora a los cocheros de caballo, bicitaxistas, carretoneros, choferes de alquiler clandestinos o con licencia y otros tipos de transportistas privados.
Holguín es atravesada por la carretera central, pero la circunvalación construida en los años ’80 del pasado siglo hace que la mayoría del transporte que va o viene de otras partes del oriente la bordeen lejos de la ciudad, por lo que la hace un punto muerto en la comunicación ferroviaria o por carretera en Cuba.
Las últimas evasivas del gobierno provincial y sus correspondientes directivos del transporte ya se ublicaron en la prensa local el pasado febrero, pero nada resuelven contra el atasco y el entorpecimiento de la vida diaria.
Versionar el título de una canción del trovador Frank Delgado que ataca el racismo es algo me sirve de paliativo ante medida tan absurda: “Cómo llegar
a La Habana y no morir en el intento”.

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Indumentaria disidente.


Algunos amigos me preguntaron la semana pasada en un encuentro sobre no-violencia qué haría para sobrevivir a reclusiones absurdas e incómodos calabozos. Yo no lo sé con exactitud, pero compartiendo la pregunta con un experimentado opositor oriental, coincidimos en que nuestras mochilas llevan casi lo mismo cuando salimos de casa.
Lo que sigue es una lista inexacta, ya que cada quien sabe qué necesita para el camino, qué pesa más o menos y qué cosas le sobrarían debido a su capacidad de subsistencia.
Siempre llevo una toalla, pequeña para que abulte menos, de 1mX50cm. Un pedazo de jabón, usado, para que no tiente a mis captores. Pasta dental (un bote a la mitad), cepillo dental y un frasco de agua de tocador (no hay como untarse una colonia barata después de una ducha en el baño turco*.
Nunca dejo el libro “Desayuno de campeones”, de Kart Vonnegut, Jr. Cuando empiezo a preocuparme (no hay ocasión en una celda en que no crea que será la definitiva) me leo par de viñetas y el ánimo me sube a cien.
Dos calzoncillos para alternarlos cada dos días, unos calcetines para cubrir los pies, los calabozos guardan una frialdad proverbial. Todo esto junto en un macuto, bolso o mochila no pesa dos libras. Las chicas me han dicho que siempre llevan almohadillas sanitarias aunque no hayan entrado al período menstrual. En la última golpiza el día 3 de febrero en Camagüey, debido al stress varias hermanas nuestras comenzaron a sangrar con abundancia y solo una de ellas traía provisiones para la ocasión.
Algunos que he consultado prefieren andar al ‘pelo’ y botan la ropa para el pasillo del cuartel policial en señal de protesta. Gabriel Díaz Sánchez y Yoandris Montoya Avilés, del Movimiento Jóvenes de Bayamo, se quedan desnudos y comienzan una larga sesión de fisi-desnudo-culturismo (debido a su enorme corpulencia) que molesta a los detenidos comunes hasta que los polis los dejan solos en una celda donde luego duermen a pierna suelta hasta que son liberados.
Lo que me resulta grato es el contacto con los demás detenidos. Raudel Ávila Lozada, un cabecicaliente del Presidio Político “Pedro Luis Boitel” confiesa que aprovecha esos larguísimos días para enseñarles el alfabeto opositor a los detenidos por causas comunes, indicarles cuáles son sus derechos y quiénes son los presos políticos y por qué permanecen ahí. Soy testigo de que ha dado frutos, conozco a jóvenes que se han integrado al movimiento opositor después de conocer a algún activista en una unidad policial.
Ah, y lo que nunca debe faltar, lleven ‘magua, money, dinero’. Hace falta, resulta viable para hacerse traer alimentos frescos, pues casi siempre hay un alma de Dios que te acercará las provisiones que solicites.
Cada mañana o al caer la tarde los custodios te entregarán tus pertenencias por una hora, hasta que estés aseado y parezcas un hombre feliz, capaz de rebatir las puntas más afiladas de los más absurdos procesos de instrucción penal.

(La foto fue tomada en Las Tunas hasta donde llegaron un grupo de jovenes de otras provincias.Fueron todos detenidos al dia siguiente en Camaguey cuando marcharon por las calles para apoyar a Zapata Tamayo en huelga).

*Baño Turco: orificio para las necesidades fisiológicas ubicado debajo de
la pila del agua para ducharte y beber, y a solo medio metro de las
cabeceras de los muros para dormir (ya sean de concreto o metal).

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