Archivo mensual: marzo 2010

El vía crucis del “Coco” Fariñas.


Desde aquella foto guardo el calor con que nos abrazó a mí y Exilda, mi esposa. Nos hizo arrimarnos a una mesa donde bebían jugos naturales y enseguida nos preguntó por el niño, por las pedradas que nos habían sonado
en las ventanas por aquellos días que nos dieron un acto de repudio. Era todo preocupación.
Varias veces intentamos indagar sobre su salud, pero se le atascó la cremallera del bolso y hasta que no sacó un ejemplar de La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa para regalarnos, no nos volvió a atender. Lo envolvió en una bolsa plástica y sabía que ese obsequio era más que cualquier objeto de valor.
El “Coco” se ha echado encima la cruz que muchos cubanos no supimos cargar, o que el miedo no nos deja llevar. Su batalla no es autoflagelación porque no lo lleva como penitencia sino como liberación de ese temor que
tan bien atinó a describir en “Radiografía de los miedos en Cuba”, la excelente edición que la editorial Voces de Cambio preparó hace algún tiempo.
Ahora el gobierno cubano vuelve a estar contra la pared. Un solo hombre ha puesto a la vieja maquinaria propagandística de La Habana a trabajar horas
extras, hacer “trabajo voluntario” y poner a los reservistas del poligráfico Granma en pie de lucha para desinformar al pueblo a 24 mentiras por segundo, como si esa película ya no la hubiéramos visto antes, sólo que los espectadores de hoy están al aire libre y no tienen que pagar el boleto para entrar a un cinematógrafo con las paredes desguazadas por el vendaval de verdades que se descubren a la luz pública.

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Los ‘perritos’ del ’21.


Por nada del mundo pretendo ofender o referirme en tono despótico a esos animalitos que son tan conocidos por ser los mejores amigos del hombre
Cuando digo perritos, me refiero a esos muchachos abyectos, capaces de matar si es preciso por cuidar el carné de garantes de la seguridad del estado en Cuba. Lo del 21 se refiere al departamento que se dedica al
Enfrentamiento al enemigo en la Habana pero que tiene subsedes en todo el pais.
Un médico, un psicólogo, un escritor, un albañil, una costurera, una maestra de educación pre-escolar, en fin un ciudadano cualquiera engrosa esa difuminada masa que para el poder totalitario constituye el enemigo.
Para un sistema enfermizo y contagioso, que arrastra tras de sí el odio contra sus conciudadanos, la tarea principal es preservar el poder a costa de las cabezas que sea necesario poner en la picota pública.
Aunque suene retórico para algunos, no hay mejor comunicabilidad para el Consejo de Estado y su camarilla de pregoneros en el Comité Central del Partido Comunista que el insulto, el descrédito público, el acto de repudio, la paliza, la cárcel, las detenciones arbitrarias, los fusilamientos, la muerte “por accidente” o el exilio en la más salomónica de las soluciones cuando de zafarse de un contrario se trata.
El renovado ejército de chicos que vigila en las esquinas de cada barrio, cada libra de azúcar que entra o sale de las casas, cada neumático de bicicleta, cada libro prohibido o la más discreta de las reuniones familiares con tinte político es informada o vigilada con animosidad porque según ellos tiene maloliente ‘tufillo a conspiración’.
Cuba se ha convertido en una nación cuyo tumor maligno crece hacia dentro, revestido por el aliento de los discursos violentos y odio hacia todo lo que contradiga la política criolla de ordeno y mando.
Como sabuesos, los que se creen gloriosos combatientes de la seguridad del estado, olfatean cada rincón de la isla para hurgar con sus narices allí donde un cubano o cubana haya dejado de pensar con el estómago o la tarjeta de salida definitiva o temporal del país.
La tira fotográfica que acompaña mi post es testimonio visual contra quienes me impidieron salir al funeral de Orlando Zapata Tamayo aquel fatídico 24 de febrero.
Han pasado días, semanas quizás, antes de que yo pueda sacar esto a la luz, pero tendrán que ser pacientes, son como setecientos kilómetros de Internet entre San Germán, La Habana y el mundo.

nota dictada minutos antes de publicar.
Oootra vez estuve preso,otra vez me arrestaron, solo que no ocurrio en San Germán si no al amanecer del 24 en casa de un amigo en Bayamo. Oootra otra vez fui conducido por policías políticos hacia el cuartel general de Bayamo donde después de las amenazas de siempre (Ley Mordaza, Escribir para mi blog, en fin hacer periodismo independiente) me remitieron hasta el Cuartel general de Holguín conocido como Pedernales para dejarme libre seis horas mas tarde.
Oootra vez he tenido que pedirle vía telefónica a quienes me ayudan al lado allá que me le agreguen esta nota al post Los perritos…que habia mandado antes.¡Digo yo! para estar casi al día con los sucesos del ‘interior del pais” y la vida real de otras latitudes.

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Orlando Zapata Tamayo bajo la lluvia y la muerte.


En medio del sopor y la desgracia, el día en que se velaba el cuerpo de Orlando Zapata Tamayo el cielo se abrió sobre el pueblo de Banes. No hizo más que caer la tarde y las nubes se acomodaron solitas para empapar el humilde barrio que está pegado al cementerio La Güira.
Un patakín (leyenda) de la religión Yoruba dice que los orichas le dejaron al hombre un regalo: la lluvia, la lluvia sobre los ojos. Es por eso que siempre llueve cuando alguien muere.
Esta vez llovió en la noche banense, holguinera y cubana. Los ojos se llenaron de lágrimas por la impotencia y el dolor por el hermano que se iba, pero aún así, al otro día, cuando cantaron los primeros pájaros del alba un constante aguacero limpió las calles de Banes. Fue el primer chaparrón en muchos meses.
Los muertos empezaron a salir de los calderos de Reina Luisa Tamayo Danger para acompañar el cuerpo del negro Zapata hasta el viejo cementerio de La Güira. En otras partes del oriente cubano rompió a llover bien temprano.
Cuando escampó sobre la media mañana, Cuba tenía un rostro distinto.
Zapata se iba con los enfumbis (muertos) a correr por los trillos que desbrozó cuando niño.

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Un libro para un bloguer cubano.


Ya sé, dirán que es una campaña más, pero no me canso de arrimar cualquier vestigio de civilización a los míos, estoy completamente seguro que en un puñado de años este escrito será prehistoria para la generación de mis hijos y comprenderán lo desesperados que estábamos sus padres en el entonces socialismo tropical.
Hace un par de días me llegaron intactos, por el correo ordinario, tres libros: dos novelas que perseguía hace tiempo y un librito de ensayos que es una joyita.
Cuando se me acercó el cartero con los tres bultitos pensé que era una broma de la “Gestapo criolla”, una bomba-correspondencia que los muchachotes de Villa M. habían preparado para mí. Pero me equivoqué de plano y paranoia aparte decidí abrirlos. Desde Alemania Raquel me envió “Tiempos líquidos”, de Sygmunt Bauman; el manzanillero Horacio Pesquera me dejó caer desde Madrid la novela “La Casa del silencio”, de Orhan Pamuk y y Miguelito, desde ese Manhatan que se ha robado para él solo me regaló “El salón del ciego”, conteniendo la prosa limpia del bueno de Carlos Victoria.
Y yo creo que sí, que ha sido eso, una victoria. Estos tres ejemplares tienen la peculiaridad de ser libros usados por sus primeros dueños, o comprados en una especial rebaja de verano y olvidados en un rincón de casa, pero sus remitentes saben que un devorador implacable los va a degustar en Cuba y los va a pasar a sus congéneres como si fueran el elixir de la eterna juventud.
Me los enviaron por el correo ordinario, pero dicen que existen CubaPaks, DHL y otros, que aunque más caros, son seguros, pero no importa, a los que ya me han preguntado, no se detengan: envíen revistas literarias, libros usados que no caben ya en la habitación o ediciones de bolsillo, o esos que alguien trajo del avión. Por ahora llegan. Aprovechen y envíenlo a los bloguer’s o a sus amigos, háganlo como se envía el agua en tiempo de desastres naturales o la bendición cuando el condenado a muerte se ha internado en el túnel oscuro del no regreso a la luz, como es esta isla con tantos remilgos contra los libros y la información.
Pídanle las direcciones a los bloguer’s y periodistas independientes, esta es la mía:
Calle 20, No. 1303, entre 13 y 15. San Germán, Holguín. Cuba. CP 82800.

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Desidia médica en Holguín Texto: Luis Felipe Rojas R. /Fotos: Caridad Caballero Batista.



La historia me la puso mi colega Caridad Caballero Batista entre las
manos. Me dio las fotos como quien entrega un corazón latente para ser
salvado con urgencia.
En el año 2005 Alberto Lairo Castro se encontraba comprando cerveza a
granel en un kiosco, en el marco de los carnavales holguineros. Desde
entonces su vida es la odisea que él cuenta a quien se lo pida y que en
parte mostramos en estas imágenes. Los policías Héctor Luis Pérez Osorio y
Frank Ochoa Angulo lo golpearon como a muchos más en el tumulto por
comprar la cerveza y lo trasladaron detenido a la Unidad de la Policía
conocida como “El anillo”, antes era la 1ra Unidad, ubicada en Martí y
Narciso López, Holguín. A las pocas horas comenzó a gritar por el fuerte
dolor, pero no le hacían el menor caso, hasta que los dolores aumentaron y
ante la insistencia decidieron llevarlo al Hospital Lenin, de la misma
ciudad.
Alberto, que ahora tiene 31 años y por entonces fungía como custodio en
una empresa de Seguridad y Protección, dice que le dictaminaron lesión de
médula. Lo hospitalizaron por seis meses, hasta que sus padres lo llevaron
a La Habana, para ser tratado por especialistas de mayor rango, aún así la
madre se queja: “Mi hijo fue torturado por esos esbirros y hasta el día de
hoy no les han hecho nada me escribieron del Consejo de Estado diciendo
que los policías ahora no tienen culpa, salieron absueltos del juicio y no
pasó nada”.
Un tiempo después le construyeron una pequeña habitación con un baño, pero
“los trabajadores sociales no vienen aquí, ni los médicos”, dice la madre.
“Yo he tenido que hacer de enfermera, buscar los medicamentos en el
consultorio y llevarlo y traerlo del hospital porque nunca tienen
ambulancia para prestarme ese servicio”, agrega.
A esta desgracia se suma que Carmen Luis Castro Masabó, la madre del joven
torturado, tiene dos mellizas retrasadas mentales, las que ha tenido que
enviar con su ex esposo, ya que ella se marcha para el trabajo y tiene que
dejar a Alberto solo, “Todo el día se lo pasa solo porque yo soy educadora
de Enseñanza Especial y he debido ponerme a trabajar otra vez pues no
recibo ninguna ayuda del estado y si seguimos así nos vamos a morir de
hambre”, y concluye, “yo espero por lo menos que si no hay justicia del
gobierno, Dios se ocupe de impartir justicia ante el hecho aberrante que
han cometido con mi hijo, nadie merece que le hagan esto. Estoy
desesperadaza, todo ha quedado en la más absoluta impunidad”.
Alberto vive en la Calle Pepe Torres 3182 B / Frexis y Marti Holguin.

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Retórica blogger.


Que es lenta la conexión a Internet. Que hoy no venden tarjetas para los móviles porque la chica que las vende está de descanso Que la socia que te daba una mano con los envíos furtivos tiene “la presión del agua” hasta el cuello y no quiere seguir. Que se acabaron los discos reescribibles en las tiendas en divisa. Que Holguín, y San Germán aún más, están muy lejos de La Habana, de América y del resto del mundo. Que el correo no funciona. Que nunca has visto una publicación impresa sobre nuevas tecnologías o el mundo de la blogósfera. Que te traían libros y como pesaban mucho quedaron sobre la mesita de trabajo del aduanero… ¡Ja! Que volvieron a subir de precio las memorias USB.

Ahí viene la Policía, escondes tu cámara. Cuando pasa la vuelves a sacar. Escribes un post y como han pasado dos semanas sin que lo hayas enviado, se puso viejo y los otros chicos inquietos te dieron alante. Este año no viene Martha de Holanda: ¡Adiós quemador de discos externo que me iba a traer! La Aduana volvió a gravar el precio de los equipos importados…

Se me derramó la sopa. Se fue la luz otra vez. No habrá agua en una semana. Suena el reguetón en los amplificadores de mi vecino. No salió el número de la ‘loto’ que apunté. Se fue Aroldis Chapman. Otra reflexión del Comandante en Jefe. Otra Mesa redonda. Me cayó una basurita en el ojo. Se volvió a parquear el carro de la policía frente a mi casa y dos policías políticos vienen a decirme que no puedo salir durante los tres días siguientes. Que no tengo fondos en mi teléfono para enviar un twitter diciendo que otra vez me citaron para el G-2. A veces me pongo que ni yo mismo me aguanto. Estoy retórico y sentimental.

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Telefonía con maniobras.


Nada parece detener a los ingenieros del control y la inspección casuística de los ciudadanos en Cuba. Tanto la empresa de telefonía celular (CUBACEL), como la conocida ETECSA prestan sus servicios a la Seguridad del Estado para hacer cabriolas contra sus clientes.
A Raudel Ávila Lozada, residente en Palma Soriano, provincia Santiago de Cuba, el oficial Diorkis, de la Policía Política le envía mensajes SMS provocadores, ofensivos y amenazantes desde que le dieran a conocer el número del móvil de ese disidente.
En un viaje a Placetas, a Rolando Rodríguez Lobaina le enviaron mensajes desde el móvil de otra opositora, Martah Díaz Rondón. En ocasiones lo hacen para ubicar donde se encuentran y en otras para crear confusiones que lleven a malos entendidos y sus consiguientes molestias.
Los móviles se quedan sin servicio, sin cobertura o los mensajes y llamadas comienzan a entrar cuando los oficiales operativos de la policía política y las gerencias regionales de CUBACEL se ponen de acuerdo.
El mismo Rolando Rodríguez Lovaina y su hermano Néstor, Cristian Toranzo Fundichely, Caridad Caballero Batista y muchos otros han sido víctima del robo de sus celulares, con la única comunicación de que sus equipos han quedado bajo ocupación temporal, según dictan las actas de decomiso que los investigadores e instructores policiales intentan hacerles firmar a sus víctimas.
Lo triste del caso es que en ningún acápite de los contratos de venta se explica que sea la Seguridad del Estado la que se quede con los equipos, ni aclara por supuesto, que sea este órgano represivo el que oriente a las empresas telefónicas suspender llamadas, dejar fuera de servicio a los clientes así como luego en los interrogatorios los oficiales a cargo chantajeen a las víctimas contándoles pelos y señales de sus conversaciones a través de los aparatos.
Las despampanantes secretarias y oficinistas que ETECSA y CUBACEL han puesto para atención a los clientes, unas veces se quedan patidifusas con las quejas, en otras, como me sucedió en la ciudad de Holguín, plantean con todo el cinismo del mundo que la Gerencia se reserva el derecho de ventilar o no este tipo de planteamiento cuando uno de los encartados “se encarga de la seguridad nacional” (SIC).
La indolencia es pública, el perpetrador se hunde la visera de la gorra hasta las cejas, se ajusta los lentes oscuros y se soba la entrepierna en señal de impunidad total.

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Monguito el aguatero y la burocracia.


El carromato de Monguito desanda las calles de San Germán este sitio polvoriento a donde me ha traído Dios, en busca de clientes, evadiendo a los inspectores y también de camino a casa.
Un lugar insalubre y sin agua corriente pudiera ser la mejor plaza para Monguito y los cuatro o cinco carretoneros que se dedican a vender el vital líquido. Pero una cosa piensa el borracho y otra el cantinero, dice el refrán.
En la toma de agua de donde se sirven los aguateros para llevarla a las viviendas que se la solicitan por un precio de seis pesos cada tanque, hay un inspector al que deben pagarle un peso en moneda nacional por cada viaje. Pero además, deben andar con todos los documentos en regla para ese ejército de mirones de la vida individual de cada ciudadano, los inspectores estatales. Los aguateros deben llevar un documento que los acredite como trabajadores por cuenta propia, otro que dictamine que su carretón es de su propiedad, otro para asegurar que su caballo (o mulo, o yegua) está bien de salud, y así hasta abultar una pequeña cartera que Monguito guarda con recelo a un costado de su cintura.
Pero lo más impresionante es que estos humildes trabajadores deben pagar cada año por renovar una acreditación de diez pesos que certifique que el caballo es de ellos. Sí, eso mismo, y no es un juego de palabras. El propietario debe renovar la propiedad del animal, de lo contrario lo pierde.
San Germán está a menos de veinte Km. del Río Cauto, sus habitantes viven una penuria y falta de agua constante, y aún así las autoridades se permiten lujos como atosigar a quienes intentan paliar estas necesidades o las más perentorias.
Yo sigo con mis cubetas al hombro, hasta que se escondan los chivatones y la burocracia vaya a paseo, al menos por un rato.

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De pie junto a Juan Carlos Herrera.


Llevaba unas semanas llamándome para responder mis preguntas por teléfono, pero me ha sido imposible seguir conversando con Juan Carlos Herrera Acosta ese guantanamero perdido entre las rejas que le regalaron por veinte años en la Primavera Negra del 2003. Ese muchacho bueno criado a la sombra del río Guaso quiso aprender periodismo se dedicó a denunciar las tropelías del poder verdeolivo e intentó hacer una familia que perdió hace casi dos años en un trágico accidente (su niña de 15 años y a su ex esposa).
Juan Carlos escribe poesía con las demandas de las musas que le han quedado para aliviarlo.
Desde la prisión provincial de Holguín cárcel donde pasé mi servicio militaro bligatorio velando desde una garita para que no se escaparan los reos Juan Carlos Herrera Acosta escribió que su mayor dolor es no haber visto a su hija para jugar con ella en un parque.
Nos han interrumpido la conversación varias veces y me he tenido que conformar con las grabaciones donde cuenta como se autoagreden los reclusos por falta de atención médica alimentos y mejorías en la vida carcelaria.
En un informe del Directorio Democrático cubano vi su ficha personal donde figuraban estas enfermedades, adquiridas en prision: cardiopaíia izquémica con bloqueo de rama, hipertensión arterial, artrosis cervica,l sacrolumbagia, prolapso duodenal, trastornos gástricos, asma bronquial, alergia, problemas renales y hepáticos, retinopatía hiperténsica de segundo grado, inmunodeficiencia, secuelas por el dengue hemorrá agico que le dio dos veces, desnutrido, vitiligo con despigmentación en la piel, dermatitis, hernia discal y gastroduodenitis crónica.
A Herrera Acosta se le quiebra la voz cuando oye o dice la palabra libertad y aunque está entre rejas es un hombre libre.Es un foco de atención para los militares y demás reclusos de los lugares donde ha estado, ellos saben que es un tipo sin miedo a decir palabra alguna, por eso su lema se riega por los pasillos de la gerdarmería como si fuera un cortahierro. La dirección general de prisiones pone alerta cada vez que oye a Juan Carlos Herrera Acosta decir ¡de pie frente al terror!

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